Precisamente los ciudadanos más críticos, y más dubitativos, buscan argumentos, propuestas y proyectos ilusionantes y positivos que les permitan decantar sus posiciones. De ahí que la estrategia de agitar los temores ante el eventual triunfo del contrario sólo sea eficaz, más bien, para movilizar a los “perezosos” de cada bando, pero no a los indecisos, que a juzgar por las Encuestas publicadas pueden representar una proporción del 30% de los que piensan votar.

En contraste con los argumentos de la “publicidad negativa”, y el consiguiente enconamiento de posiciones que estimula, en la campaña electoral se han difundido datos de encuestas que muestran tendencias hasta ahora inéditas en el panorama político español. En la macro-encuesta del CIS, por ejemplo, un 39% del total de indecisos indican que la opción alternativa que están considerando es votar o por el PSOE o por el PP. Lo cual supone que –de ser correctos estos datos– en torno al 12/15% de los votantes finales están considerando una opción estratégica y no ideológico-política. Es decir, lo que quieren prioritariamente es un gobierno estable y no un gobierno de uno u otro color. De ser esto así, en el tramo final de la campaña se pueden producir cambios difícilmente previsibles a partir de los esquemas tradicionales de proyección de voto que hemos venido utilizando hasta ahora en España.

Por otra parte, y en esta misma perspectiva de despolarización de fondo que contrasta con el tono general de la campaña, los datos de otras Encuestas indican que una parte bastante significativa de los electores se muestran partidarios de gobiernos de coalición y no quieren que el fiel de la balanza política final esté en manos de partidos nacionalistas. Y también en este caso lo paradójico es que la coalición preferida en mayor grado es una gran coalición entre el PSOE y el PP. Lo cual no deja de ser llamativo que se anticipe de tal manera antes de que se conozcan los resultados concretos del 9 de marzo.

Si uno de los dos grandes partidos se alza finalmente con una mayoría suficiente como para gobernar por sí solo con suficiente estabilidad, lo más probable es que muchas de estas consideraciones previas se queden en agua de borrajas. Por eso, los equipos de campaña aumentan la presión de las calderas e intentan movilizar a la abultada tropa de indecisos. La cuestión es si están suficientemente informados sobre las actitudes de base de gran parte de los indecisos y si lograrán tales propósitos a base de agitar miedos recíprocos y repetir argumentos negativos.

De momento, mientras llega el día de la votación, lo que parece evidente es que existen contradicciones y distanciamientos no desdeñables entre algunos estrategas de la polarización y una parte apreciable de la opinión pública española. Veremos en que queda todo.