Es cierto que recortar los ingresos de los más débiles a causa de las tropelías de los más poderosos resulta injusto. Es cierto que los especuladores en los mercados financieros están haciendo bailar a su gusto a los gobiernos legítimos de medio mundo, incluido el nuestro.Y es cierto que rectificamos y nos contradecimos. Pero todas estas razones no restan un ápice de razón al Gobierno en la aplicación de las medidas anunciadas.

Hay muchos argumentos, y pueden resumirse en tres. Primero, el equilibrio en las cuentas públicas es condición indispensable para cimentar un crecimiento sólido, duradero y justo. Segundo, es preciso recuperar cuanto antes la confianza y el crédito de los inversores internacionales para nuestra economía, señalada recurrentemente entre las “sospechosas”.

Pero quizás el argumento más decisivo sea el referido a las decisiones adoptadas por el neonato Gobierno Económico de Europa. Porque, por paradójico que parezca, ha hecho falta una crisis financiera descomunal para que los Estados del euro hayan adquirido la conciencia de que el “sálvese quien pueda” no solo es egoísta, sino también absolutamente inviable en una economía global.

El primer rescate a Grecia se planteó aún hace pocas semanas país a país. Sin embargo, la última reunión de los ministros de finanzas acordó crear un instrumento común para el salvamento del euro, junto a un conjunto de medidas presupuestarias y fiscales que aseguren estabilidad y solvencia. Es decir, el Gobierno Económico de Europa, por fin.

Pues bien, este nuevo Gobierno ha tomado una serie de decisiones en orden a rebajar los déficits públicos nacionales, con instrucciones muy concretas, y España no puede ignorar estas indicaciones. Nos conviene seguir al pie de la letra el mandato europeo, por el bien nuestro y por el bien del conjunto hoy. Y, sobre todo, porque el éxito de este nuevo Gobierno económico aún incipiente nos ayudará a consolidar un desarrollo firme y solidario en Europa de cara al futuro.

El gobierno español ha sido el primero en hacer sus deberes. Pero el resto de los gobiernos europeos irán “retratándose” con medidas similares durante los próximos días, porque no tienen más remedio.

¿Qué nos queda ahora en España? Ajustar las medidas, para que su aplicación práctica no resulte contraproducente o injusta. Complementar las medidas, para que los que más tienen también se “retraten” en el esfuerzo colectivo. Y explicar las medidas, para que se entiendan y para que se acepten como necesarias.

El Gobierno ha cumplido, pero ¿y los demás? Los representantes de los trabajadores habrán de exponer sus posiciones necesariamente críticas, pero deberán hacer uso una vez más de su probada responsabilidad para remar a favor del interés general. Y ya nos gustaría tener una oposición política como la portuguesa, que se ha colocado junto al Gobierno en la adopción y en la explicación del ajuste. Aquí nos conformamos con que la derecha no moleste demasiado.

Puede que el interés político del Gobierno y del PSOE aconseje algo distinto de lo que se ha hecho. Pero no estamos en tiempo de hacer lo que conviene al Gobierno ni al PSOE, sino lo que conviene al país.