Como tendencia concreta apuntaba el autor, que: «personas con diferentes orígenes y experiencias, podrán ver como sus situaciones presentan puntos de convergencia debido a las nuevas modalidades de organizar las actividades productivas,… en sociedades en las que un número importante de individuos tenderán a quedar situados en condiciones de «prescindibilidad» y de «intercambiabilidad» que acabarán deteriorando su condición social y sus mismas posibilidades de ser tratados como ciudadanos de plena categoría”. En la actual fase de desarrollo de la crisis sistémica del capitalismo, estas palabras están más vivas que nunca. En nuestro caso concreto, el actual plan de estabilidad del gobierno español reduce las inversiones públicas, a lo que hemos de sumar, la falta de medidas tanto para aumentar el ingreso público, como para atajar el fraude fiscal, algo que augura una gran incapacidad redistributiva a corto y medio plazo. Esto, no mejorará la circunstancia laboral de los más vulnerables, ni indica que la dinámica socio-laboral vaya a plasmarse en una creación de empleo digno, más bien, puede acabar precarizando mucho más el tejido social.

Ya existen más de diez millones de españoles -50 millones en los países de la OCDE- que convergen en la actual situación de pobreza económica y social, y que representan, la máxima necesidad de protección social como problema real que ha de resolver -que debiera- la política social en coherencia con la práctica democrática para una ciudadanía de pleno derecho. Precisamente esta desidia de la mano izquierda del Estado respecto de los postergados, contrasta, con la banalización de la injusticia social, debido, al aumento del paro estructural –de la agresividad sistémica-. Prueba de esta paradoja de la democracia, es que existe un ejército de reserva de mano de obra – más de cuatro millones de parados en situación de prescindibilidad e intercambiabilidad, más los vulnerables en la misma situación y, un millón de familias sin ingresos- que está siendo domada por la precariedad y el miedo a entrar en el paro o, por la amenaza de no poder salir de él,… de ser relegados a la indignidad de paro. Esta crisis del trabajo es también la crisis de la efectividad política, que no ha conseguido adoptar decisiones y/o alcanzar soluciones que generasen confianza en la ciudadanía más necesitada, por el contrario, se ha producido una desmoralización, desvalorización y desilusión política que se manifiesta en la crisis del militantismo, y encuentra su síntesis, en el individualista apolítico.

Esta crisis del trabajo, es una crisis de la efectividad ejemplar a la hora de organizarnos en torno a los intereses comunes, públicos y generales. El tipo de individualismo en que ha resultado la aplicación –sin paliativos- del credo neoliberal, es representativo de la falsa ilusión, según la cual, los problemas de los individuos tienen una solución puramente individual, no colectiva;… individualismo que debe entenderse de manera dialéctica: crece y decrece según crezca o decrezca la capacidad de autoorganización política de las propias fuerzas anticapitalistas. Sin organización, no hay resistencia colectiva.

En coherencia con el párrafo anterior, apuntaba José Félix Tezanos -hace una década- que: …»por mucho que crezcan las infraclases y excluidos y, por mucho que aumente la conflictividad dual llegando a extenderse a conductas delictivas, los de arriba, las mayorías satisfechas -aunque acaben siendo una minoría-,… seguirán teniendo más poder, más recursos, más iniciativa y más capacidad de organización, como para continuar pugnando por mantener las situaciones de dualidad social que les favorecen»…» algo que puede manifestarse en viejas formas de autoritarismo e intolerancia»… «un conservadurismo que podría devenir en una peligrosa dualidad política». La realidad actual, es un claro ejemplo de la pugna del stablishment –económico, político y mediático- neoliberal por mantener las situaciones de desigualdad social que favorecen las concentraciones de capital en perjuicio de los más necesitados.

MARGEN DE MANIOBRA

Los ciudadanos están hartos del bombardeo discursivo acerca del limitado margen de maniobra – el 7 de mayo se comprometieron fondos para los bancos por valor del 28% del PIB europeo – que tienen los políticos para ganarse la confianza -sería más preciso decir aquiescencia- de los mercados, que supuestamente, cuando se sientan confiados, nos deben sacar de la crisis que ellos mismos han provocado… ¿intencionadamente?.

Dentro de esta simplicidad psicológica del homo economicus, del calculador egoísta y desconfiado, las emociones son fundamentales para poner en marcha la (i-) racionalidad práctica que debe generar la confianza en los mercados financieros – de especulación-. El problema actual, es que los especuladores, como parte estructurada y estructurante de dichos mercados, piden fortalecer la continuidad en los valores del individualismo apolítico para dar salida a esas emociones que los sustentan bajo una desenvoltura irracional e inmoral en la práctica, solo así, se sienten seguros y confiados los mercados de poder seguir concentrando cantidades ingentes de capital. Es verdad que la economía es un estado de ánimo, donde hombres concretos (George Soros, entre tantos ejemplos) e instituciones públicas (FMI y sus consejeros concretos) y privadas (agencias de calificación de riesgo) definen sus estrategias especulativas (“el ataque al euro”, por ejemplo) en torno a unos valores claramente reconocibles en la utopía neoliberal de explotación ilimitada de unos recursos limitados y escasos, que no llegan a todos, debido a su programa de máximo beneficio –a corto plazo y sin cortapisas-, de Estado mínimo -no redistribución y fiscalización mínima- y de destrucción de las estructuras colectivas -privatizaciones aquí, en Argentina, o en cualquier parte del planeta- que impiden la pura lógica del mercado-global. Dos preguntas: ¿No es acaso la coyuntura económica actual un estado de ánimo también para los precarizados?,… ¿No superan estos en número y necesidades –básicas- a los hombres – desconfiados- de los mercados?.

Frente al deterioro de la cohesión social y el aumento radical de las desigualdades que esta doctrina representa, cabe una reflexión para los insensibles -especuladores- y subordinados -gobiernos-: » Ningún ser humano es culpable de sus emociones –estas se disparan-, pero, si que se es responsable de la racionalidad o irracionalidad práctica en un sentido moral, es decir, somos responsables de nuestras emociones, en cuanto en tanto, les damos una salida práctica dentro de un valor moral. En otras palabras, no somos culpables de nuestras emociones pero sí de lo que hacemos con ellas como representación práctica de la racionalidad o irracionalidad en que estas se desenvuelven». Es precisamente aquí, donde entra en juego la responsabilidad política respecto de la realidad social y democrática, donde: el margen de maniobra parte de la responsabilidad simbólica, asease, de la ejemplaridad pública de todo el personal del Estado. ¿Qué quiere decir esto?… que todo poder con pretensiones de legitimidad debe aspirar a dotar de autoridad cognitiva y moral sus intenciones, palabras y acciones;… que la ejemplaridad empieza por la asunción de un sistema de valores democráticos como fines en sí mismos con aspiraciones de universalidad ,para que nadie pueda ser excluido sistemáticamente de las ventajas del proceso de democratización,… para lo que dicho proceso, debe ser dignificado en la práctica respetando el Estado de derecho – también social-, el principio de inclusión social, y el principio de igualdad social ( lo que requiere de una redistribución de la riqueza que permita acceder al sistema de oportunidades democráticas ). La Europa actual, no parece ser un ejemplo de esto, desgraciadamente, la gran manipulación semántica que la doxa- del discurso neoliberal hace de estos principios democráticos fundamentales, pervierte la definición de ciudadanía a su antojo paralizando el progreso social y el proceso hacia la completitud democrática, pues, utiliza la pobreza como principal fuente de oportunidades.

Centrándonos en la realidad política española. Esta se encuentra en un verdadero lodazal simbólico que escandaliza y contribuye a la degradación de la virtud cívica. Los ejemplos de corrupción de dimensiones nacionales y de traición al interés público por parte del principal partido de la oposición, en nada contribuyen a la formación de una cultura democrática, pues, ejemplifica una alternativa de gobierno ultraconservadora, nepotista y clientelar que desvela el desfase entre las virtudes aparentemente profesadas y las prácticas reales en que se circunscriben los valores de su acción (esto aquí se llama Gürtel,… y en Francia L´Oreal).

En lo que respecta a la forma de hacer oposición – el contenido nadie lo conoce-, el Partido Popular – fiel a aquella acepción aristotélica- ha demostrado tener la canana discursiva llena de “tópicos con los que argumenta pero sobre los que no argumenta”. Le ofrecen al ciudadano el uso y el abuso de la polémica con fines electoralistas deviniendo sistemáticamente en discursos que enmascaran y reprimen el decurso del debate real, vetando a la ciudadanía, del acceso a la crítica sustancial de lo que realmente está en juego. Esto simboliza su mediocridad política en contraste con la involución del proceso de aculturación democrático, pues con su actitud, de cara a la conciencia política del ciudadano, todos los políticos… acaban en el mismo saco… ¡todos los políticos son iguales! … ¿Quién pierde?… la democracia, y el ciudadano que queda despojado de la participación en la vida pública. ¿Quién gana con esta actitud antidemocrática?… El individualista apolítico, el calculador egoísta,… el neoliberalismo en su más puro estilo laissez-faire. ¿Qué simboliza esto?… una sociedad tremendamente atomizada y sin posibilidades de resistencia colectiva donde se produce una alteridad de la élite política – que impone su criterio- sobre el ciudadano que queda sin posibilidades de organizar sus intereses –de manera crítica- en afinidad con otros individuos. Llegados a este punto, cabe otra pregunta: ¿Saben qué es democracia quienes nunca lucharon por ella?…

Volviendo a la realidad social de los parados, de los excluidos,… del 20% de la sociedad española que vive en la pobreza, conviene traer a colación, lo siguiente: … “la capacidad de acción de los sectores y grupos sociales más infraposicionados – infraclases- y postergados –excluidos- se completa en un triple eje de influencias -advertía José Félix Tezanos-: el respaldo que proporcionen los partidos políticos a sus reivindicaciones,… las capacidades de reacción y movilización de los excluidos,… y por último, el eco social y político que alcancen sus intereses, dónde, el silenciamiento informativo y la demagogia, juegan en su contra “. Es precisamente aquí, donde entra en juego la responsabilidad ejemplar del Gobierno en relación a este triple eje de influencias, que apela necesariamente, a un programa de políticas sociales que si bien está siendo tan postergado como las convicciones del PSOE, debiera acometerse más pronto que tarde. Pues, urge tanto o más la confianza –las emociones, los sueños, los proyectos, las expectativas, las necesidades- del ciudadano en el sistema democrático, que la que necesitan para sí, los intereses privados de los mercados financieros – especuladores obcecados en la maximización de los beneficios a corto plazo-,… aquellos que en septiembre de 2008, agarrados de una rama al borde de un precipicio, fueron salvados por la mano del Estado –esta no era invisible,… era la mano del ciudadano-, y al cual ahora, suelen dar consejos poniéndole una pistola en la cabeza. Este ejemplo de Film Americano, es el que han recibido los ciudadanos, a pesar de que lo verdaderamente práctico y ejemplar, hubiera sido, la creación de un nivel de gobernanza mundial que proteja los bienes comunes de la humanidad –entre ellos el trabajo digno- de la violencia sistémica del capitalismo salvaje.

Es evidente que la asimetría política europea –sólo Grecia, Portugal y España tienen gobiernos socialdemócratas- polarizada por el credo neoliberal y capitaneada por Alemania, representa un margen de maniobra político que deviene, por ejemplo, en el desfase entre los intereses imperantes de Ángela Merkel – de la banca alemana- y las convicciones ideológicas de Zapatero –entre ellas el Estado de bienestar-, tan postergadas y sometidas en la práctica como el colectivo social que representa, colectivo que ha visto transferida su soberanía a un marco económico internacional. Este es el resultado de una estructura política europea obsoleta–también mundial- que está en desfase con la mundialización del capital financiero, sin cortapisas. Ahora bien, esta situación lejos de ser una excusa para justificar las políticas de ajuste presupuestario en la eurozona (recorte en las políticas sociales que tanta falta hacen, y que su ausencia acentuará la depresión) y evadir responsabilidades nacionales e intereuropeas, debe de ser junto a los argumentos de agresividad sistémica: de desigualdad, de exclusión social y, de precariedad social para todos -como externalidades sociales y políticas del sistema capitalista- el argumento para combatir y legitimar la toma de control político sobre el capital financiero. Se necesita un Gobierno Económico Europeo que simbolice en la práctica la toma del control cedido a los temidos bancos privados- intermediarios del BCE que encarecen la deuda de los Estados-, para que sea el capital financiero – no los Estados- quien esté sometido ad hoc a una estrategia económica “emocionalmente razonable”, sostenible, menos agresiva y más redistributiva en favor de los más vulnerables. Pose esta, que abanderaron los políticos de uno y otro bando al principio de la crisis financiera y, que ahora parecen haber olvidado. Por el contrario, el ejemplo es que nuestros políticos se pueden reunir un domingo de madrugada –como imperativo del descontrol- y juntar 750.000 millones de euros, para confianza de los mercados, y después de dos años aún no tenemos un gobierno económico europeo,… para desconfianza de los ciudadanos.

Es evidente que la sociedad está dividida en dos facetas de la realidad que conviven de espaldas en un mundo común y global,… una dominante e hiperorganizada en torno al interés particular y,… la otra dominada, silenciada, precarizada, postergada, desorganizada, y por lo tanto, sometida al devenir de dicho interés particular, esto, genera un conflicto social de dimensiones planetarias entre lo público y lo privado que evidencia la necesidad de articular nuevas formas de vivir juntos,… una reinvención política similar a la invención de comunidades políticas a lo largo de la Historia.

Para concluir, yendo de lo nacional a lo internacional, la realidad es que el stablishment político, económico y mediático europeo está hiperorganizado en torno a la ortodoxia neoliberal, por lo que la socialdemocracia, requiere de una reinvención y de un liderazgo sin precedentes. Un liderazgo del socialismo europeo integrado y cooperativo –corporativo- que muestre y demuestre la férrea voluntad de poder poner límites cívicos al individualismo apolítico y, límites ecológicos al desarrollismo heredado en que ha resultado el reinado del neoliberalismo. Este titánico proyecto – con potencialidades de proyección a medio y largo plazo-, seamos realistas, no tiene líder y, no lo puede emprender Zapatero en soledad. Ahora bien, eso no le exime –tampoco a los partidos socialdemócratas europeos- de la responsabilidad de intentar organizar a las izquierdas europeas – incluidos los sindicatos,… los españoles también- , con el fin, de hacer oposición a la polarización política y económica del continente, de apostar abiertamente y sin tapujos: por un Gobierno Económico Europeo; por una economía razonable, socialmente sostenible y empíricamente contrastada, construida sobre las bases de una banca pública; por una política económica que dignifique los bienes públicos; por la transparencia total en los mercados de valores; por la eliminación de los paraísos fiscales – la doble moral del mundo,… cloacas del ego humano y de la economía ilícita-; de luchar por un trabajo digno para todos en Europa – sin trabajo no hay progreso-; por un mayor control y compromiso fiscal de las empresas – no se pueden olvidar los miles de millones fugados en comparación con la reducción del déficit que ahora deben hacer los Estados- ; por una auténtica fuerza de negociación laboral colectiva – en contra del modelo laissez-faire que enarbolando la bandera de la ¿flexibilidad? pretende dejar solo al asalariado frente al capital- ;por una redistribución de la riqueza que permita la inclusión social y un bienestar suficiente como símbolo de justicia social; por un paradigma mediático libre y democrático –que desvele la mentira de lo aparente mostrando la verdad de lo oculto- donde tengan eco las infraclases y excluidos; por una ciudadanía social auténtica –formada por el ejemplo de las élites políticas- con verdaderos valores cívicos y democráticos y, consciente de la importancia de la calidad del vinculo global e intercultural;… “por una lucha que promueva procedimientos de organización en los que puedan desarrollarse las posibilidades prácticas de una vida social basada en el pleno desarrollo de las potencialidades humanas de libertad, de creatividad, de innovación, de equilibrio armónico con el medio, de fraternidad, de cooperación,… es decir de progreso humano”(José Félix Tezanos). ¿ los argumentos?… la “cuestión social global”: la irracionalidad en que ha devenido la solitaria globalización económica, sin políticas… sin regulaciones. En definitiva, se trata de que Europa retome el ejemplo histórico que aspiraba a ser, una Europa soñada de libertad, igualdad, fraternidad y cooperación… una Europa que despierte del letargo,… que salga de la involución infernal de las apariencias neoliberales. Se trata de generar confianza en el sistema democrático. Se trata, de dar un verdadero ejemplo de la importancia real de la política, en la construcción del destino humano.

Aunque lo dicho pudiera parecer obvio, espero que no parezca ingenuo, pues, la principal arma de la estrategia mediática –propagandística- del capitalismo salvaje, es hacer sentir que lo antagónico, cuando se manifiesta,… conspira inútilmente pertrechando con las armas de la utopía.

Organicémonos…