Lo que está ocurriendo en estas últimas semanas es inédito por su gravedad. Inglaterra se insolidariza brutalmente con los otros países para proteger su City, y lo hace ganándose las imprecaciones justificadas del Presidente francés, Sarkozy. Éste, al mes escaso, decide aplicar la tasa sobre las transacciones financieras y afirma que lo hará aunque todos los demás estén en contra. Esta vez batalla porque está en campaña electoral, y poco le preocupa que su actitud sea económicamente poco positiva para la batalla actual en favor de la zona euro y comprometa la eficacia de la tasa Tobin. Por su parte, la cancillera Merkel, bajo presión de sus aliados políticos y de su opinión pública, consigue apartar los eurobonos que los demás países, empezando por Italia y España, reclaman. ¡Y estos dirigentes acaban de reunirse en Marsella en el Congreso europeo de su ideología! Las derechas que gobiernan la Unión demuestran que para ellas ésta es solo un mercado único, al cual concurren los diversos tenderos… Cada cual con su receta, sus productos y ni siquiera se ponen de acuerdo para fijar la fecha de las rebajas, aunque sí la de los ajustes.

La izquierda ha tenido más de una ocasión de gobernar al mismo tiempo en casi la totalidad de los países de la Unión y ni siquiera se ha planteado un esbozo de programa compartido para Europa. Cuando una Comisión dirigida por Felipe González presentó una serie de medidas para el porvenir europeo, no hubo reacción alguna de los partidos socialistas, ni a favor ni en contra. A nadie le interesaba el porvenir de Europa.

Es urgente cambiar de actitud. Las únicas fuerzas que hoy unen sus ideas sobre Europa son las de extrema derecha, y lo hacen para romperla. Su discurso populista prospera año tras año, sobre todo, entre los obreros y los más desfavorecidos. Entonces los socialistas tienen que plantearse seriamente dos preguntas. Qué Europa queremos y cuáles han de ser sus avances. El euro es uno de ellos, ¿sí o no? Pensamos que la evolución de la sociedad mundializada, de sus crisis repetidas, pone en peligro la Unión Europea, ¿sí o no? Si las respuestas son positivas entonces cabe buscar seriamente remedios, o mejor dicho, un remedio común. Es decir, una solución alternativa que resuelva los problemas planteados no en Francia, en Alemania, en Italia, en España o en Grecia, sino en Europa. La Historia nos enseña que una nación que no progresa en su consolidación corre serios peligros de verse sometida, y alguna vez de desaparecer. El dinamismo es necesario para consolidar lo construido. Quien no avanza cae. Y actualmente existen tantos fallos y deficiencias que es fácil encontrar donde plantear la batalla.

El socialismo desde que se organizó -y fue en el Continente europeo, del cual emana- siempre tuvo una actitud de reacción y de proposición en función de la sociedad en la cual se desarrollaba. Esa sociedad no era la misma con el capitalismo industrial nacional del siglo XIX, o con la sociedad que refuerza el papel del Estado después de la Primera Guerra Mundial, o con la que sucede a la Segunda y ve florecer una sociedad social- demócrata. Hoy vivimos en un mundo diferente, que ha pasado del capitalismo multinacional a la mundialización financiera, que ha visto surgir la Unión Europea con sus exigencias y sus limites a las políticas nacionales, o la emergencia de países emergentes de eficaz y continua competencia.

Ante tales cambios el socialismo en los diversos países europeos solo ha planteado preguntas aisladas, parcheando situaciones coyunturales. Ciertamente continuamente impregnado la sociedad de sus valores, de tal manera que no hay formación política que se atreva a atacarlos abiertamente y denuncie públicamente el Estado de Bienestar, aunque muchas consigan socavarlo y desacreditarlo. Aunque siempre a remolque de los acontecimientos económicos, en su propia casa cada partido socialista ha tratado de mantener sus principios y sus valores, pero sin adaptar las soluciones que exigen, y que con toda evidencia no pueden ser exclusivamente nacionales. Sinceramente, ¿hay algún socialista que piense que puede cambiar la sociedad solo en el marco estrecho de sus fronteras? Es hora de que se comprometan juntos. Si no Europa verá el ocaso de esos valores, para desdicha de sus pueblos y también de los otros. Porque si es posible anular el Estado de Bienestar en un solo país de la Unión, es discutible que se pueda mantener y consolidar sin una política común europea.

Las fuerzas progresistas europeas tiene un reto insoslayable. Y existen las Instituciones, los cauces que permiten abordarlo. Al PSOE se le presenta pronto una ocasión de marcar la pauta. Por cierto, de ninguna manera pueden los pruritos de representaciones identitarias entorpecer el camino. A nivel nacional, a algunos pueden parecerles importantes, pero en la sociedad mundializada y europea son solo comarcales.