Sin embargo, la realidad es que los escenarios post-electorales que, hoy por hoy, es factible anticipar pueden implicar no pocas dificultades y problemas. Incluso problemas acentuados y agravados.

Por no cerrar hipótesis sobre las posibilidades de cambio, o inflexión, de las tendencias electorales de aquí al 20 de noviembre, me parece que habría que considerar como plausibles, al menos, dos escenarios post-electorales. El primer escenario es un triunfo destacado del PP, con desplome paralelo del PSOE. Este es el escenario que la mayor parte de los analistas consideran más probable en estos momentos. El segundo escenario se basa en una cierta capacidad de recuperación final del PSOE.

Si el primer escenario se produjera será inevitable que durante un tiempo el PP viva en un clima de euforia y autogratificación exultante, con el peligro correspondiente de realizar unos análisis y llevar a cabo unas políticas que, más que solucionar determinados problemas, podrían contribuir a exacerbarlos y enconarlos.

El riesgo en este caso es que los líderes del PP no sean capaces de calibrar bien el alcance de su victoria y su verdadero nivel de respaldo sociológico. De acuerdo a la lógica estricta de las matemáticas electorales y parlamentarias serán muchos los que, desde las filas del PP y sus aledaños, digan “hemos ganado de manera aplastante y punto”, “eso es lo que quiere el pueblo español, y ya está”. Y la verdad es que, desde un punto de vista formal, poco se puede objetar a esta interpretación; aunque ya se sabe que “los dioses suelen cegar a los que quieren perder”.

La cuestión es que el PP puede ganar las elecciones no tanto por méritos propios, cuanto por defectos y rechazos ajenos. Es decir, el PSOE puede perder –incluso de manera abultada– si buena parte de su electorado desengañado se queda en casa o facilita el triunfo de otro partido. Pero este eventual fenómeno político va a tener lugar en un país que sociológicamente es en su mayoría de izquierdas y de centro-izquierda, tal como muestran, entre otros, los datos de la Encuesta que se publica en el último número de TEMAS.

Si este escenario se diera, el PP podría encontrarse con una situación muy similar a la del PSOE en 1982, pero sin la misma base sociológica y política de entonces. En 1982 el PSOE no sólo tuvo mayoría holgada en las urnas, sino que, además, tenía un respaldo muy mayoritario de los españoles, en unos momentos en los que había un gran consenso sobre lo que era necesario hacer.

Sin embargo, la situación actualmente es muy diferente, ya que el PP va a tener enfrente –sociológicamente, al menos– a una mayoría de los españoles, al tiempo que existen notables discrepancias sobre lo que habría que hacer en estos momentos y sobre cómo habría que hacerlo.

De hecho, el grado de disenso y preocupación que existe en las bases de la sociedad española ha venido aflorando ya en los últimos meses, en gran parte al margen de las estructuras políticas, sociales y sindicales de la izquierda tradicional. ¿Alguien duda que cuando esta izquierda tradicional quede totalmente desplazada de los ámbitos de poder podrá experimentar una inflexión completa en sus posiciones y sus estrategias?

Por eso, precisamente –aunque no sólo por eso–, uno de los principales retos políticos en España en estos momentos es cómo lograr fraguar el consenso que se necesita, y que evitaría que nos deslizáramos por una senda de bipolarización y de confrontaciones que –como en el caso de otros países y otras épocas–, lejos de solucionar o encauzar nuestros problemas, sólo contribuiría a enconarlos y agravarlos. Y ya se sabe, se puede saber cómo se entra en algunas espirales de confrontación y conflicto, pero es muy difícil saber cómo se sale de ellas, especialmente en coyunturas económicas y sociales tan delicadas como las actuales.

Por lo tanto, ante este primer escenario post-electoral, lo que cabe esperar es que se imponga el sentido común y la prudencia, sobre los cantos exaltados de victoria y sobre las adulaciones interesadas de los extremistas. Y, por supuesto, que prevalezca la capacidad de análisis y la altura de miras por parte de todos, no sólo de los vencedores, entendiendo que únicamente con un grado razonable de consenso, y con la capacidad y la voluntad de todos para ayudar, será posible salir adelante en este horizonte tan complicado.

Sobre la segunda hipótesis más o menos plausible volveré la semana próxima.