Siempre es una oportunidad, que no se debe desaprovechar, que la cartelera teatral nos ofrezca al Bergman en su estado más puro. A ese eficaz diseccionador del alma, que hurga en los recovecos de los sentimientos, de las pasiones y las frustraciones humanas.

El Teatro Español, de nuevo ha acertado en su programación, rinde homenaje al escritor y director de cine y teatro sueco Ingmar Bergman con la versión teatral de las películas “Escenas de matrimonio” y “Sarabanda», dos obras sobre el amor y el desamor que fueron filmadas con treinta años de diferencia, en 1947 y 2003, respectivamente.

“Escenas de un matrimonio” es el análisis despiadado y preciso de la evolución, a lo largo de más de quince años, del matrimonio formado por Johan y Marianne. Bergman se adentra así en la crisis y las infidelidades de esta pareja en edad adulta, y disecciona las relaciones de estas personas que se separan después de varios encuentros extramatrimoniales, pero que, de alguna manera, están destinadas a reencontrarse.

Se trata de una reflexión lúcida, cruel y absolutamente verosímil sobre las relaciones humanas, en la cual es casi imposible no sentirse reflejado, y es también la historia de la evolución de una mujer, Marianne, de su liberación y de su progresivo autoconocimiento.

“Sarabanda”, escrita al final de su vida en la soledad de la isla de Faro, recupera a Johan y Marianne después de cerca de treinta años sin ningún contacto, y los enfrenta a Henrik y Karin, hijo y nieta de un matrimonio anterior de Johan.

A pesar de tener en común a dos de sus personajes protagonistas, son dos obras completamente distintas, con ritmos y preocupaciones existenciales diferentes, que muestran a un doble Bergman en dos épocas cruciales de su vida.

Marta Angelat dirige en este montaje a un reparto encabezado por Francesc Orella y Mónica López. En él, según afirmó la directora, se ha acercado a Bergman «sin ninguna clase de filtro, sin una previa adoración por sus películas y sin ideas preconcebidas», ya que tan sólo se ha guiado por el impacto que le causó la lectura de estas dos obras.

Yo añado, sin tapujos, que es una excelente adaptación teatral. Magníficamente dirigida y magistralmente interpretada. Aunque es obvio, no podemos olvidar que la proximidad del teatro, la cercanía de los actores puede envolverte en la historia que nos cuenta enalteciéndola o destrozándola. Y es ahí, donde está su grandeza. No caben trampas ni arreglos en el montaje. Todos los días se la juegan, actores, directores, técnicos de luces y sonido en cada una de las actuaciones.

En esta ocasión, nos hace vivir, sentir lo que sienten los personajes en este acogedor teatro madrileño.