Pero el sentimiento que inspira en la gran mayoría de los españoles el buen hacer de la selección nacional en el Mundial de Sudáfrica trasciende todos estos análisis. Se trata de una alegría legítima, justificada y limpia. Una veintena de chavales, en representación del deporte español, están haciendo historia con su buen juego, con su comportamiento ejemplar y con unos resultados que elevan la consideración internacional de nuestro país a unas cotas extraordinarias.

Los españoles podemos y debemos sentirnos orgullosos de nuestros deportistas, por sus éxitos, por cómo los consiguen y por cómo los celebran. Los Villa, Pujol o Casillas del fútbol pueden equipararse al Nadal del tenis, al Gasol del basket, al Alonso de la F1, al Lorenzo de las motos, al Contador de las bicis… Son buena gente, que construyen sus triunfos a fuerza de trabajo y sacrificio, y que hacen del compañerismo y la labor de equipo una grata seña de identidad para el deporte español. Saben perder y, lo que es más difícil, también saben ganar, respetando al contrario, haciendo gala de una humildad encomiable, y huyendo de la jactancia y la soberbia que se observa en otras latitudes.

Para los aficionados al fútbol, la «roja» derrocha buen toque, estilo, elegancia, generosidad, eficacia. El mejor fútbol del momento y el mejor de nuestra historia. Para todos los demás, la «roja» representa el afán de superación, el «sí podemos», y una buena justificación para colgar las banderas en la fachada y sentirse parte de algo grande.

Atravesamos tiempos difíciles, y no nos sobran los motivos para la esperanza y la ilusión. Y ahí tenemos a la «roja». Inspiración a raudales. Disfrutémosla.