Analizar lo que está pasando en la vida política española en las últimas semanas, no es complicado; es fundamentalmente cansino. Mariano Rajoy y Arthur Mas, en buena lógica, deberían estar ya fuera de la pista por méritos acumulados. Espero, como muchos, que las urnas hagan buena esta hipótesis. Ambos y sus equipos son conscientes de esta situación de riesgo. La salida de ambos, por lo que estamos viendo, es mucho más que la salida del poder. Es poner fin a los entramados de corrupción que nos han llevado a que esta sea sentida por los ciudadanos como el segundo mayor problema de España. Por ello la única salida de ambos pasa por la estrategia de liar más la madeja para confundir a los españoles, creando espejismos tenebrosos de futuro que compliquen su voto.

Qué otra cosa hay detrás de Arthur Mas empeñado en continuar por una senda imposible desde todos los puntos de vista (jurídico, económico, político, internacional y social) generando una tensión en la ciudadanía de Catalunya y de toda España, de la que espera sacar el rédito de la «tinta del calamar». Desvirtúa hasta la saciedad un resultado electoral del que se sabe perdedor, intenta con ello que la asfixiante corrupción que le rodea, con tramas familiares, políticas y empresariales, quede como una persecución «española», una nueva «causa general» a los derechos del pueblo catalán. Un órdago en toda regla que busca provocar al contrario para que reacciones desmedidas y persistentes le legitimen, aunque sea a costa de entrar en una vía sin retorno como es negar la legalidad constitucional democrática e incluso la legalidad ordinaria. Lo pasado queda atrás y nadie tendrá en cuenta que los servicios públicos gestionados por su gobierno en los últimos años han caído estrepitosamente y los costes de la corrupción Ferraris testarosa, incluidos los hijos de Pujol, eran para construir el Gran Proyecto Nacional Catalán. En todo caso, un gobernante que no respeta las leyes y ampara la deshonestidad pública y privada, cruza al  otro lado de la línea. Eso es mejor que pasar a los anales como jefe de una banda criminal.

Por su parte, Rajoy con su «mientras yo sea Presidente» está haciendo uso del viejo recurso autocrático de que sólo él asegura no caer en el caos, erigiéndose en único garante del orden y la ley. Peligro de caos que también expande al terreno económico, autoproclamándose como gran salvador y artífice de la salida de la crisis española. Igualmente que Mas, está convencido de  que subiéndose a última hora al caballo y blandiendo la espada mediante ruedas de prensa diarias, puede  hacer creer a los españoles que la corrupción no tiene que ver con él, ni que Púnica, Bárcenas, Bankia, Rato y Gurtell afectan directamente a la madeja del Partido Popular del cual Rajoy es miembro del Comité Nacional desde 1989 y Presidente del Partido desde 2003. ¿Responderá a esto en la campaña?

En cuanto a su papel de superhéroe económico del país será muy bueno recordar algunos extremos. Uno, la crisis no es española sino internacional: la desregulación económica, los múltiples fraudes bancarios, Lehman Brothers. Dos, estamos saliendo de la recesión no de la crisis que aún tenemos y durará. Tres, «Mariano evitó el rescate» que predican sus acólitos. No es cierto, el «no rescate formal» fue a costa de cumplir a pies juntillas los mandatos de Bruselas y, entre otras cosas, salvando la Banca con dinero de los españoles, publificando el desastre de Bankia (23.465 millones de fondos públicos) generado por el amigo desconocido Rato como perla de todos ellos y subiendo los impuestos a las clases medias y trabajadoras en vez de eliminar el fraude fiscal cifrado en 38.500 millones de euros, o gravar grandes fortunas. Cuatro, su hazaña se basó en recortar y deteriorar las prestaciones sociales básicas y los servicios públicos para la cohesión social  (sanidad, educación, servicios sociales, seguridad pública) a costa de su calidad y la congelación y merma del salario de los empleados públicos; Quinto, recortando la inversión en investigación y desarrollo -verdadero motor para la salida de la crisis- hasta, prácticamente, ahogarla como han denunciado los investigadores.

Podríamos continuar, pero como conclusión baste decir que mucho esfuerzo de los ciudadanos para poco resultado.  Es tan así que el Gobierno no ha logrado en su mandato disminuir el gasto del Estado, en 2011  el gasto no financiero estatal ascendía a 150.056 millones de euros frente a los 157.190 millones presupuestados para 2016.

Por tanto pongamos las cosas en su sitio. En términos económicos la salida de la recesión se debe más a causas externas, como la bajada del precio del petróleo, que a la acción del gobierno. La disminución de la cohesión social con el consiguiente incremento de la pobreza y la desigualdad, sí tiene directamente que ver con la forma insolidaria y a veces errática con que se ha gestionado lo público.

La crisis empezó siendo financiera, luego económica, después social y estalló la política e institucional. ¿Y dónde estaba Don Mariano? Metido en la tele de plasma. Un alto precio estamos pagando y es bueno recordar el relato pues olvidar puede ser nefasto.

En definitiva, los cuatro años de Gobierno del PP han devenido en cansancio para los ciudadanos y en serios golpes a la sociedad del bienestar. No existe miedo cívico a que se vayan, todo lo contrario, oxigeno de renovación. Es palmario que España necesita un cambio tan profundo como tranquilo, tan dialogado como bien dirigido, fruto de un compromiso entre ciudadanos y gobernantes, de recuperación y regeneración de la política. Recordemos también que Comunidad Política somos todos. Por ello, no podemos distraernos con envites de quienes, por sus propios intereses personales y partidarios, viven siempre en el problema y no en las soluciones.