Posiblemente las dos noticias más llamativas de la crónica nacional durante el pasado fin de semana han sido el anuncio del alzheimer de Pascual Maragall y el alzheimer político de Esperanza Aguirre.

Ser Rey o Reina en países como el Reino Unido, donde la mayoría de la población es monárquica y donde la democracia ha sido bastante estable, no tiene mayor mérito ni requiere

especiales dosis de inteligencia, prudencia y habilidad. Pero en España las cosas son diferentes. De ahí el mérito de la estabilidad lograda en el actual ciclo político, que todas las personas objetivas reconocen como uno de los mas fructíferos y positivos en la Historia reciente de España. Y, de ahí también, el estupor que causan algunos pronunciamientos e intoxicaciones informativas.

En una democracia asentada es evidente que debe existir un amplio margen para la libertad de expresión, incluso para aquellos que sostienen las ideas más insensatas. Pero cada cosa ha de tener su sitio y su oportunidad. En el Reino Unido, por ejemplo, nadie se escandaliza de las cosas que se escuchan en el «speaker corner» de Hyde Park. Y algunos oradores a veces congregan un buen corrillo. Pero nadie entendería que determinadas posturas tuvieran presencia o eco en medios de comunicación serios o de cierta entidad o vínculo institucional.

Los anglosajones han acuñado una expresión para referirse a las posturas políticas más peculiares (la «franja lunática» de la política- dicen), que también resulta extensible al mundo de la comunicación. ¿Por qué en España se mezclan a veces estas cuestiones? ¿Por qué se atribuye tanta relevancia y proyección a lo que en otros países serios no pasaría de ser una manifestación mas de la «franja lunática» de la política y de la comunicación? ¿Qué hace Esperanza Aguirre mezclándose con ese mundillo y haciendo de valedora de posturas y opiniones que todo el mundo considera cuanto menos insensatas? Posiblemente ocurra que doña Esperanza no se entera muy bien de algunas cosas. O, quizás, se entera demasiado bien. Lo cual resultaría mucho peor.