Un señor Delgado al parecer dijo horrorizado de un escrache: “¡Querían que rompiera la disciplina de voto!”. Gallardón saltó escandalizado: nunca vio tamaña violencia a la libertad de un diputado para votar lo que le obliga la disciplina de su partido. Ya van varias que escucho a este Ministro y en el arranque me digo ¡qué bien dicho! para después concluir, cuatro palabras después, en “esto no es una pipa”. Dice este hombre de bien que los “escraches” son malos de la malhería. ‘¿Para qué sirve votar?’. Y eso me pregunto yo. ¿Para qué sirve votar si después hacen lo que creen que deben hacer y no lo que comprometieron? Pero no va por ahí, no. Opina que votar sirve para que después no puedas protestar. Un votante de bien no debería hacerlo. Para eso están los abstencionistas antisistema perroflautas “que-te-arranco-la-cabeza” (al perroflauta). Perla tras perla te emociona. ‘¡Han pasado el límite: están violando el domicilio!’. Es visual y literal. Ves a la policía arrancando verjas. Un señor con una maza golpeando puertas. Señoras mayores siendo arrastradas fuera de su casa. Ancianos que avalaron a sus hijos y con su domicilio pagado hace años, tirados a la calle llorando. Por fin el ministro de justicia ve como violan los domicilios de la gente. Pero esto no es una pipa. A Gallardón le molesta el ruido en la calle de los diputados. Y un disparate tras otro; y esos los del escaparate. Mejor no pensar lo que sueltan en privado. La reacción con los “escraches” es un síntoma más del aislamiento e intolerancia de esta rancia derecha. Consideran que no hay nada que hablar. Cuando analizas los contenidos que la palabra ‘democracia’ tiene para los líderes del PP, en la forma como la conjugan, comprendes que esto no es una pipa. El PP está retornando a sus orígenes ideológicos en AP. La misma edad de sus ministros da pistas. Lo curioso es que a la niña de Rajoy ahora se suma el niño de Felipe González. Es un melodrama que los peques se asusten con el ruido de la realidad. La diferencia es que unos niños irán a Puerto Aventura para sacarse el susto del cuerpo y a otros los sacaran por la puerta a una aventura que asusta. Mejor me explico mejor. Hay quien no se quiere enterar. Todo ha cambiado. Mucho y rápido. Las elecciones ahora no son, por lo general, entre lo correcto y lo incorrecto. Casi todo es incorrecto en un sentido u otro. Es horrible asustar a un niño en su casa. Es horrible echar a mil niños de sus casas (de su colegio, de su entorno, de sus amigos, de su hogar). La opción ética es ordinal. Malo es una cosa, peor es la otra. Y puestos a defender algo, entre lo malo, defender a los que están peor, son más débiles, solamente les queda molestar para no dejar de ser. Para ser oídos. Eso bajo la premisa de que todos somos iguales como seres humanos. En la derecha ya hace tiempo que no se la cogen con papel de fumar. Ya saben que esto no es una pipa. Para ellos, es la representación de una pipa y “contrahacen” lo que de ella dicen.

Cada vez que hablan se destapan. Sáenz de Santamaría y otros políticos llevan una doble vida. La profesional, que es su trabajo en política, y luego esta su vida personal. No quiere llevarse trabajo a casa, por eso de la conciliación familiar, y rechaza que lleguen los ciudadanos (su trabajo) pidiendo a su puerta. No entiende que la molesten en su vida personal. En ello hay un profundo desconocimiento de la naturaleza de su trabajo. Como diría Marx, está alienada. Su trabajo, por desgracia, es la vida privada y personal de los demás. Nada hay que haga en sede parlamentaria o de Gobierno que no altere drásticamente la vida que viven y como la viven millones de españoles. Es, sin embargo, otra muestra de las diferencias entre políticos y políticos. Hay alcaldes y concejales, de municipios pequeños, que sí tienen muy presente de siempre como alteran la vida de los ciudadanos: vados, basura, agua, limpieza de calle, parques… Y como a todos no satisfacen, soportan las malas miradas de algunos vecinos, sus parejas no pueden comprar aquí o allí; en ese restaurante no, que igual nos escupen en el café. Día a día y mientras les recuerden. Rostros girados, bocas torcidas e incluso el familiar de otro concejal te puede poner verde a nada que te encuentre. Sufren escraches en la cena de navidad. Son políticos en política de contacto. Y saben que el privilegio de poder alterar la vida de los demás se paga con la forma en que puedes vivir tu vida cotidiana, dentro de la cotidianidad de los demás. No pasa eso con las señorías de las cámaras (altas y bajas). Parece que su vida cotidiana está a salvo de los cotidianos. Los ciudadanos son números en el trabajo. Pero ya lo solucionaron. Interior ha dictado una orden de alejamiento de los ciudadanos, que no podrán acercarse a menos de 300 metros de los domicilios de los políticos. Continuación lógica de vallar el Congreso. La lectura es evidente. Cuando lleguen las elecciones y vengan a los barrios, los parques, los polideportivos o nos pongan sus fotos en la puerta de casa, para explicarnos lo que les parece, tengan la precaución de no acercarse a menos de 300 metros del mitin. Recuerden a lo que se exponen con la orden de alejamiento.

Bañez es el mayor exponente de los misterios de Fátima: ¿Qué hace esa señora de ministra? ¿Más aún, qué hace? Los jóvenes que se marchan al extranjero practican “movilidad exterior”. ¿Y no se le mueve nada a esa señora en el interior cuando dice eso? La pregunta, cuando les escuchas y les ves es siempre la misma: ¿No tienen ningún familiar, amigo intimo, alguien que de verdad aprecien, en proceso de desahucio, desempleado de larga duración, o con sus hijos emigrando con un titulo por delante y la miseria por detrás? Y esto va de respuesta múltiple. De verdad, ¿no les duele? Y sus chorradas como pican. Otros en el PP viven no dos, hasta tres y más vidas, dependiendo de sí participan o no en la trama. Y estoy de acuerdo con su explicación de la contabilidad, los papeles de Bárcenas y los sobres. El problema del PP es de transparencia. Son demasiado transparentes.

Y lo divertido dentro de tres años. La intención de voto al PP y el PSOE hundidas y parejas. Los minoritarios están por cambiarse el nombre y la democracia cada vez menos pipa. Al menos en el PSOE parece que están por abandonar la versión oficial. Incluso han dejado de ser complacientes y ridículos con alguna institución. La responsabilidad final no es del irresponsable. Le dejaron hacer tras un telón cerrado de silencio y sumisión, de tal modo y forma, que se desquició. Caído el velo, está desnudo y con el culo al aire. Pero realmente nunca fue responsabilidad del irresponsable; los irresponsables fueron los que dejándole hacer, con sumisión y arrobo, le acompañaron a su ruina. Todos somos hombres e iguales en naturaleza. Según mis noticias, a día de hoy, no tenemos dioses paseando por la tierra o habitando instituciones. Y al final, tarde o pronto, descubrimos que esto no es una pipa.