Para ello, Rajoy contaba con expertos como Zaplana y Acebes que, abandonando antiguas veleidades como el viaje al centro y otras zarandajas, se dedicaran a cultivar lo que podríamos llamar el PP profundo.

Así, la teoría de la conspiración, la rotura de España, la destrucción de la familia, el pacto del Gobierno con ETA, la venta de Navarra, la inmigración de delincuentes, la política exterior con Castro, Chávez y Morales y el fomento de la subida de los precios, han sido los leiv motive del mensaje político de Rajoy durante este tiempo.

Obviamente que no se trataba de convencer con ello a nadie situado a su izquierda, sino de mantener alimentado el sustento mitológico de sus votantes naturales durante la travesía del desierto.

Y, de pronto, como en un lapsus, Rajoy cierra el debate con su famosa niña. Probablemente algún asesor de campaña, adoptando el modelo de Shrek, el ogro cariñoso, ha tratado de dar un barniz enternecedor al personaje que, solo momentos antes acusaba al Jefe de Gobierno de un país democrático nada menos que de agredir a las víctimas del terrorismo.

Pero, a lo que parece, se ha debido de equivocar. Ni fuera del PP se ha creído nadie lo de la niña, ni, peor aún, dentro del PP le encuentra nadie acomodo en esta fiesta y menos a estas alturas, en las que de lo que se trata es de echar a Zapatero a gorrazos.

Así que, o bien en el próximo debate le pone condiciones a la niña, por ejemplo que vaya a un colegio privado, que no sea lesbiana y quiera contraer matrimonio, que no abuse de las mamografías, que no aborte o que no quiera ser consejera de una sociedad mercantil en paridad, o bien tiene que volver a la crispación, y con ánimos redoblados.

Porque, como decía el vasco en el chiste, o vamos de setas o vamos de Rolex.