Pesimismo, obstinación y escalada militar, son los tres rasgos que caracterizan la estrategia definida por Bush II y sus colaboradores de confianza en el cónclave celebrado en su rancho de Tejas. El discurso de Bush, anunciando su nueva/vieja estrategia, constituye, en sí mismo, un elemento más de preocupación en el panorama mundial. Los “rancheros” no han tomado nota del giro electoral experimentado en Estados Unidos, ni parecen dispuestos a tener en cuenta la oposición creciente de la opinión pública norteamericana, no sólo a la intervención militar en Iraq, sino, más en el fondo, a una determinada forma de hacer política. La regañina al actual gobierno iraquí por su ineficacia en el control policial y militar, el envío de 21.500 soldados más, y el rechazo a cualquier diálogo con Siria y, sobre todo, con Irán –¡el gran enemigo!–, forman parte de un escenario de conflicto que se encuentra bastante alejado de las propuestas de la Comisión Baker.

A esto se suman los bombardeos en Somalia, el despliegue de una poderosa fuerza naval en el estrecho de Ormuz, con dos portaviones, y la presencia de submarinos nucleares en la zona, desvelada por una colisión accidental (?) con un petrolero japonés. ¿Qué hacía un submarino nuclear navegando “pegado” a un gran petrolero? Cuando esto sucede en paralelo a la filtración de informaciones sobre entrenamientos de la aviación israelí en bombardeos a profundidad, a larga distancia, no es difícil entender que, amén de reforzar posiciones militares, se está enviando un mensaje de gran contundencia. Por ello, no es aventurado pensar que, si en las próximas semanas y meses se produce un atentado terrorista de envergadura, existen grandes posibilidades de que se aproveche su impacto en la opinión pública para dar nuevos pasos en la escalada militar.

El paralelismo con Vietnam, que se está manejando en los análisis sobre Iraq, no resulta inapropiado, y el mismo discurso de Bush sobre su estrategia “ranchera” da pie para ello. Pero existe una notable diferencia con Viertnam, porque en este caso se trata de una zona donde se concentra buena parte de los recursos energéticos que el mundo occidental necesita para funcionar y para mantener sus actuales niveles de vida. Además, al frente de los Estados Unidos se encuentra un grupo de poder fuertemente penetrado por los intereses del petróleo y muy poco sensible –como estamos viendo– a la lógica democrática y al sentir de la opinión pública.