Desde luego, no es propio de los modos diplomáticos, ni de las normas de la más elemental cortesía, interrumpir continuamente a un Presidente de Gobierno cuando interviene sosegadamente en una reunión internacional, intentando hacer una reflexión respetuosa y de petición de respeto para aquellos que han tenido puestos de responsabilidad en países democráticos, como España. De ahí el estupor que debieron sentir todas las personas sensatas que asistían a las sesiones de la cumbre Iberoamericana en Chile, cuando vieron la insolencia y mala educación con la que Chávez interrumpía en voz alta, una y otra vez, la comedida intervención del Presidente del gobierno español. Lo cual se unía a una serie de anteriores descalificaciones políticas e inculpaciones genéricas e injustas a todos los empresarios españoles, muchos de los cuales están arriesgando importantes inversiones en países que no siempre ofrecen suficientes garantías y seguridades, y que, en bastantes casos, como la inmensa mayoría de la población reconoce, están contribuyendo al buen funcionamiento de servicios e instalaciones básicas.

La injusticia y la mala educación resultan aún mayores cuando se refieren a personas como el Rey Juan Carlos, que tanto ha hecho por potenciar las relaciones de colaboración y apoyo con América Latina, y al Presidente Rodríguez Zapatero que, contra viento y marea, ha venido apoyando a Venezuela y ha incrementado muy notablemente los fondos de cooperación al desarrollo.

Que Chávez es un irresponsable que puede llevar a Venezuela a confrontaciones ruinosas lo viene sosteniendo mucha gente. La bronca de Chile demuestra ahora que Chávez está resuelto a que se hagan realidad los pronósticos más fatalistas. Su falta de respeto a los modales civilizados y a los principios del Estado de Derecho, junto a su fanfarronería extrema le sitúan en modelos que no son propios de una izquierda democrática. De ahí lo sorprendente que resulta la simpatía y el apoyo que le prestan algunos sectores de la izquierda, que parecen desconocer las lecciones de la historia. Históricamente Chávez no va a ser, desde luego, el primer Presidente -más o menos caudillista- que, habiendo llegado al poder por las urnas, haya impuesto después una regresión antidemocrática de efectos letales para su propio pueblo. Se ha recordado hasta la saciedad que Hitler llegó al poder por las urnas, por cierto, después también de una intentona golpista que dio con sus huesos en la cárcel. Y también abusó de las estrategias bravuconas en el plano internacional. Y, por cierto, asimismo fue apoyado inicialmente por los comunistas.

La cuestión no está sólo en cómo se llega al poder, sino en cómo se ejerce. En el plano de las libertades y de los modos diplomáticos, Chávez está dando múltiples ejemplos de su inclinación a situarse en las antípodas de un planteamiento genuinamente democrático y serio. Harían bien, pues, algunas personas de izquierdas en reflexionar sus apoyos y simpatías.