El 7 de junio, más de 300 millones de ciudadanos están llamados a responder dos preguntas, ¿necesitamos más Europa o menos Europa?, y ¿queremos una Europa de izquierdas o una Europa de derechas? De la respuesta que ofrezcan las urnas dependerá en buena medida nuestro destino más inmediato. En mayor medida, de hecho, que si estuviéramos ante unas elecciones nacionales, autonómicas o locales.

Los retos que encierran las principales preocupaciones de los ciudadanos españoles en la actualidad requieren soluciones de carácter global, a cargo de actores globales supranacionales, como Europa. La salida de la crisis, la recuperación del empleo, la administración de las migraciones, la garantía de seguridad, la lucha contra el cambio climático, por ejemplo. ¿Alguien piensa a estas alturas que se puede vencer la crisis económica vigente a partir de una estrategia nacional? No puede hacerlo Estados Unidos, ni Japón, ni Alemania… ¿podríamos nosotros?

El objetivo de la paz, la recuperación del multilateralismo y el respeto a la legalidad en las relaciones internacionales, el impulso eficaz a la cooperación para el desarrollo y el combate a la miseria…, son metas que compartimos masivamente los españoles y que, más allá del quijotismo, solo pueden enfrentarse desde la capacidad de interlocución e influencia que proporciona la Unión Europea.

Europa no es ya cuestión de política exterior sino de política interior. Y no hay consensos que valgan en la política interior. La derecha tiene una receta para afrontar la crisis, que pasa por más desregulación y menos impuestos. La izquierda tiene una receta distinta: regulación, estímulo de la demanda y protección social. La derecha propone abaratar el despido. La izquierda propone más educación y más innovación para mejorar la empleabilidad. La derecha apuesta por la mano dura y los recortes de derechos ante la inmigración. La izquierda apuesta por el control y la integración con plenos derechos. La derecha quiere llenar Europa de centrales nucleares. La izquierda quiere energías renovables y limpias. No somos iguales.

España se ha convertido en un referente ideológico para toda Europa. La socialdemocracia europea se mira en los éxitos de la sociedad española en la consolidación del Estado de Bienestar, en la subida de las pensiones, en la elevación del salario mínimo, en la institucionalización del diálogo social, en la despolitización de la televisión pública, en la ampliación de derechos para las minorías… La socialdemocracia debe ganar estas elecciones en España para seguir empujando a Europa hacia la izquierda.

Se ha dicho que más del 60% de la legislación aplicable a nuestra vida cotidiana, en lo económico, en lo profesional, en lo personal, proviene de las instituciones europeas. Y es completamente cierto. Es más, esta proporción crecerá a corto plazo. Buena parte del trabajo legislativo que hacemos en las Cortes Generales o en los Parlamentos regionales consiste en transponer directivas y órdenes aprobadas en Europa. A mí me ha ocurrido en lo relativo a la propiedad intelectual y a los sistemas de transporte.