El balance de Pettit sobre la labor de gobierno en el período 2004-2007 es bastante positivo, desde el punto de vista de una “visión cívica o republicana del gobierno”, hasta el punto de señalar que la evolución que se está siguiendo “ha hecho de España un modelo para las democracias avanzadas”.

Pero, lógicamente, como suele ocurrir en todos los análisis independientes y con pretensiones de objetividad, el resultado final no está exento de claroscuros. Desde un punto de vista laudatorio sería factible subrayar aquí no pocos logros de este período, pero, desde un punto de vista de la utilidad a medio plazo –de las tendencias, en suma–, parece más oportuno fijarse en los retos y las necesidades que un observador ilustrado e independiente como Pettit constata en su análisis sobre la realidad española.

En esta perspectiva tendencial, Pettit llama la atención, por ejemplo, sobre la necesidad de reforzar los derechos sociales de los desfavorecidos, de ocuparse del hacinamiento de las cárceles, debido a la tendencia de fuerte crecimiento de la población reclusa, de mejorar la transparencia del gobierno y de adoptar medidas que garanticen la independencia de la Justicia.

Pettit también llama la atención sobre la necesidad de que la oposición opere de una manera más leal y constructiva, abandonando el criterio del “todo vale” y los intentos de instrumentalizar políticamente el poder judicial.

En el capítulo de los grandes retos de España, que no conciernen sólo a un partido político, el Informe destila sentido común, subrayando la necesidad de buscar salidas urgentes al problema de la vivienda, que tanto afecta a las nuevas generaciones, de prestar más atención al “sistema de salud”, que “no ha sido uno de los temas principales del Gobierno en los últimos tres años”, de mejorar adecuadamente la “imagen poco halagüeña” de la educación, con sus altas tasas de abandono y el desfase en gastos de Educación que, como resalta Pettit, sitúa a España en el puesto 28 de 30 países, según los datos de la OCDE. Y en relación con ello, la necesidad de incrementar notablemente los gastos en I+D, para superar la triste situación de que en España, por ejemplo, se gaste más en loterías que en investigación.

¿Se imaginan unos debates políticos de altura, con propuestas concretas y rigurosas, en torno a estas grandes cuestiones de interés general? No estaría mal, ¿verdad? Si fuéramos capaces de hacerlo seguro que España inmediatamente subiría de puesto en el ranking de republicanismo cívico en futuras evaluaciones de Pettit.