Tras leer el documento de 142 páginas, la conclusión a la que se llega es que parece que, dentro de las limitaciones existentes dentro de la Iglesia, se pretende abrir una nueva etapa que afecta tanto a la estructura de la propia Iglesia como a su visión del mundo y los actores de su misión.

¿En qué consiste esta nueva etapa? Para intentar comprenderla mejor se pueden destacar algunas cuestiones:

· Ser audaces y abandonar el siempre se ha hecho así. Sorprende la franqueza en el lenguaje, cuando afirma que se “pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía. Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos.”(pág. 19)

· Distintas líneas de pensamiento frente a una doctrina monolítica. En este sentido, y frente a una Iglesia que se pretendía monolítica y perseguía o apartaba cualquier tipo de visión que no fuera la oficial porque era malo para la Iglesia, ahora se manifiesta que la libertad de pensamiento la enriquece. Así, se puede leer que “en el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad. Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra. A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.”(pág. 22)

· No a una economía de exclusión. De manera rotunda coloca a la Iglesia contra el capitalismo financiero de las últimas décadas, que ha traído concentración de la riqueza en pocas manos e incremento de la exclusión. Se puede leer: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata… Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar…”(pág. 28)

· No a la nueva idolatría del dinero. “La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano… ( pág.29)… Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiara. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas…” (pág. 30)

· No a la inequidad que genera violencia. “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia… Estamos lejos del llamado “fin de la historia”, ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas” ( pág. 31)

· No a la guerra entre nosotros. En este apartado hace un llamamiento a la unidad de los cristianos. Así, “la mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica… A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar como os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis…” (Pág. 50)

· La mujer en la Iglesia.. Aunque sigue sin avanzar mucho, porque se continúa reservando el sacerdocio a los varones, parte del reconocimiento del indispensable aporte de la mujer a la sociedad, para afirma que “las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que un varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente…” ( pág. 52)

· Sin cambios respecto al aborto. Aquí continúa la doctrina actual, aunque presente ciertos matices de comprensión. “No deben esperarse cambios respecto al aborto». «Es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, particularmente cuando la idea que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de extremo dolor?»

· Una Iglesia que llegue a todos, más cercana y sin elitismos. En este sentido se pueden ver expresiones como: “La Iglesia debe llegar a todos, pero sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados». «No debe esperarse del Papa una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones». «Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones». «Los preceptos de Cristo son poquísimos. No tengamos miedo a revisar algunas costumbres y normas de la Iglesia». «Jesús no dijo a los Apóstoles que formaran un grupo exclusivo, un grupo de élite».

Se podrían poner más ejemplos, pero en su conjunto parece que este Pontífice tiene voluntad de realizar un cambio de rumbo que sitúe a la Iglesia dentro de una órbita que enlace más con la dignidad de las personas, con la igualdad y con la lucha contra el becerro de oro. Ahora queda ir haciendo realidad estas decisiones dentro de una estructura de poder eclesial más próxima a las minorías favorecidas por la acumulación de la riqueza y el poder que a los verdaderos necesitados.

Si se pasa de la teoría a la práctica, en los próximos años también se podría asistir a un nuevo clima de entendimiento ideológico que, partiendo de la laicidad del Estado, lleve una nueva alianza con fuerzas políticas progresistas como las que existieron tras la Segunda Guerra Mundial en Europa y que hicieron posible la construcción del Estado de Bienestar. ¿Podemos estar ante una nueva reedición de esta alianza a nivel europeo y global? Veremos. Pero antes son necesarios muchos cambios.