La transformación de las familias se asocia también a la evolución que ha seguido la economía y el mundo del trabajo, en asociación directa con la apertura de las opciones educativas para las mujeres y su incorporación al trabajo remunerado. En las últimas décadas se ha incrementado el empleo en el sector servicios, en el que básicamente se ha concentrado el trabajo femenino. Pero la posición de las mujeres es más inestable que la de los varones, con efectos muy negativos en algunos casos, por ejemplo, cuando son ellas las que encabezan una familia monoparental (el 90% de las 403.000 existentes). No en vano el 38,2% de estas familias se encuentran en España en situación de pobreza. En algunos casos se producen deslizamientos hacia la exclusión social, y situaciones de gran dificultad cuando la mujer y los hijos a su cargo, no perciben la pensión compensatoria por parte del marido o no disponen de otros apoyos familiares y la mujer pierde el trabajo y no puede pagar la vivienda. También las familias numerosas son especialmente vulnerables, con un 44,4% que viven bajo el umbral de la pobreza.

El aumento de la esperanza de vida por encima de los 80 años en España implica un cambio demográfico de primera magnitud, que ha hecho posible que en bastantes casos cuatro generaciones compartan experiencias. Pero ha llevado también a que muchos ancianos pasen en soledad el fin de sus vidas, tras el fallecimiento de sus cónyuges. Si a lo anterior añadimos que el 44,1% de las personas mayores de 65 años viven bajo el umbral de la pobreza (consecuencia de las bajas pensiones que cobran) y que son un grupo social frágil, cuando a las circunstancias económicas desfavorables, se añaden problemas sociosanitarios, familiares/relacionales, personales y asistenciales.

En estos momentos, la crisis económica y el aumento del paro (el número de hogares con todos sus miembros activos en paro asciende a 1.136.500) ha generado una mayor fragilidad en los apoyos familiares implícitos en el Estado de Bienestar. Uno de los aspectos más significados de la proyección económica de las familias reside en su capacidad para asegurar bienestar social, pues es dónde suelen plasmarse las necesidades sociales (educación de los hijos, cuidado de las personas dependientes, atención a la salud, apoyo a los hijos hasta su emancipación, colchón emocional y económico de los parados, etc)

Teniendo en cuenta la evolución que han seguido las familias españolas en los últimos años (cada vez más reducidas, con un crecimiento notable de los hogares unipersonales, especialmente los integrados por personas mayores solas, de las familias monoparentales (básicamente las monomarentales) se puede comprender que la soledad, el conflicto y la revocabilidad estén cada vez más presentes.

Por lo tanto cabe plantearse si las familias del futuro podrán seguir asumiendo algunas de las funciones que históricamente han desempeñado, si los apoyos por parte del Estado de Bienestar no se potencian más. En las sociedades de nuestro tiempo las relaciones familias-Estado tienden a mercantilizarse y/a debilitarse, de manera que cuando estos vínculos no están resueltos adecuadamente, por falta de apoyos familiares o por la fragilización de las políticas sociales, o por ambas razones, es cuando la problemática de la exclusión social hace su aparición. Por tanto, es necesario mejorar e incrementar las medidas de bienestar que ayuden a las familias a satisfacer necesidades todavía no bien resueltas. En este sentido hay que garantizar entornos laborales razonablemente estables, asegurar que se pueda hacer frente a los gastos de mantenimiento de los niños, los jóvenes, los ancianos y las personas dependientes, apoyar una adecuada inserción laboral de las mujeres, garantizar pensiones dignas para las personas mayores y los sectores sociales con especiales dificultades, y no dejar fuera del acceso a determinadas prestaciones a las familias consideradas no tradicionales.

La historia de la humanidad ha demostrado que nada tiene de natural la pobreza y la exclusión. Y, en ese sentido, es preciso intervenir más, mejor y a tiempo, para evitar algunas previsibles derivas antinaturales de futuro.