El Senado es de poquísima utilidad y su supresión podría ser una alternativa. Pero en realidad puede ser transformado de tal manera que abra la puerta al Estado Federal. ¿Cómo?

Hablemos de su realidad actual heredada de una imposición de Alianza Popular en los debates de la ponencia constitucional: la representación basada en un numero arbitrario de senadores idéntico para cada provincia, sea cual sea su población. Así Soria tiene la misma representación territorial que Madrid o Barcelona. La designación de senadores por los parlamentos de las diversas autonomías no corrige en nada esta desigualdad. Por ejemplo Cataluña con unos siete millones y medio de habitantes está representada por un total de 16 senadores,¡Andalucía con ocho millones de ciudadanos -casi la misma cifra- goza de una representación de 41! ¡Castilla la Mancha con dos millones y pico de habitantes tiene 22 senadores! ¡Castilla y Léon con dos millones y medio de ciudadanos goza de una holgada representación de 39 senadores! Más del doble que Cataluña para una población que no alabanza la tercera parte de los catalanes. La relación podría alargarse. Es una curiosísima aplicación de la democracia cuya definición básica es un ciudadano-un voto.

Así, la aplicación de la proporcionalidad está totalmente burlada y las mayorías absolutas resultan abultadísimas en la Cámara alta.

La reforma de la Constitución -de sentido común para quienes propugnan una concepción federal del estado, y como mínimo una adecuación al Estado de las Autonomías- debe basarse en principios de representación justa, de materialización del origen autonómico de los senadores, y de ordenación de la representación de cada Comunidad Autónoma.

Existe un debate sobre la supresión o no de las provincias. Sin entrar en él parece útil mantenerlas para una parte de los senadores elegidos, ya que la provincia puede ser una circunscripción electoral que acerque al senador elegido de sus electores. Cosa que brilla por su ausencia en nuestro sistema de elecciones por listas cerradas y bloqueadas y que es una reivindicación en nuestra ciudadanía. Podría establecerse un sistema mixto proponiendo una representación territorial provincial con una representación del conjunto de la Comunidad Autónoma. La representación provincial se limitaría a un senador por provincia, sea cual sea su población. La rectificación vendría con la elección para el conjunto de la Comunidad Autónoma, proponiendo por ejemplo que la representación senatorial (provincia más Autonomía) correspondiese a un senador por doscientos mil ciudadanos. Este sistema otorgaría 38 senadores a Cataluña, 48 a Andalucía, 15 a Castilla la Mancha, 22 a Castilla Léon… Son los ejemplos antes indicados. La elección de los senadores representantes de las provincias se haría por escrutinio mayoritario sencillo, la de los senadores del conjunto de las Comunidades Autónomas en listas abiertas por escrutinio estrictamente proporcional.

El secundo principio: el origen exclusivamente autonómico de los senadores se materializaría con la celebración de las elecciones senatoriales al mismo tiempo que las respectivas elecciones autonómicas. La renovación parcial y periódica del Senado conlleva problemas en la organización de la Cámara Alta: Mesa, Comisiones, etc., que podrían subsanares fácilmente con un reglamento adecuado. Al separar las elecciones senatoriales de las elecciones generales se afirma rotundamente que se trata de la representación de las Comunidades Autónomas y no de unas elecciones generales bis.

El tercer principio seria que los senadores de cada Comunidad Autónoma estarían constituidos en Delegación senatorial de la Comunidad respectiva. Elegirían su Presidente y portavoz, quedando, claro está, cada senador con libertad de voto.

Estas transformaciones de la representación en el Senado son prioritarias para avanzar hacia un sistema federal. Sin eludir la enorme importancia de las competencias de este Senado, en particular en la financiación de las Comunidades Autónomas, nada puede ser eficazmente transformado si previamente no se cambia de manera radical la manera y el momento de elegir los senadores.

Todo esto es una opinión, un sueño muy discutible en sus aplicaciones. Pero, ¿quién cree que el PP estaría dispuesto a modificar un sistema obsoleto e injusto y que tanto provecho le da?