La mayor parte de los errores de predicción se deben o bien a previsiones realizadas dentro de los márgenes teóricos de error muestral, o bien a encuestas de mala calidad técnica; lo cual es cada vez más frecuente.

Sin embargo, algunos fiascos responden a la propia capacidad de cambio de los electores en el último momento, o a la incidencia de factores de difícil evaluación sociológica. Lo cual no siempre se está teniendo suficientemente en cuenta en los análisis políticos.

Posiblemente, lo que ocurrió en Venezuela recientemente respondiço a una conjunción de varios factores de este tipo. Pero lo cierto es que, una vez más, fallaron la mayor parte de las previsiones. Incluso en periódicos generalmente rigurosos, a primera hora del día siguiente, se avanzaban casi como seguros unos resultados que no fueron confirmados por los hechos. Lo cual denota cierta alegría y falta de conocimientos técnicos sobre Sociología electoral por parte de quienes preparan las informaciones políticas. Algo que en el mundo de nuestros días no debiera suceder.

Más allá del fiasco que se llevó Chávez –que no ha sido el primero–, y las eventuales reflexiones sobre la sabiduría del electorado venezolano, lo que está sucediendo últimamente con los resultados y los pronósticos pre-electorales indica que se está devaluando una herramienta útil para el análisis y el trabajo político, como son los sondeos electorales. El problema es que dicho deterioro –en la obtención y en la posterior explotación de los datos– suele ser ignorado por muchos de los que trabajan en comunicación social y en tareas político-electorales, habiéndose establecido determinadas formas de aproximarse a –y utilizar– los sondeos que responden más bien a criterios de “fe”, de “confianza” y de “intencionalidad” –a veces de auténtica soberbia analítica–, que a razonamientos técnicos y científicos bien fundados. Esta deriva hace que en ocasiones los razonamientos políticos y las informaciones sobre el tema se sitúen más en el terreno de la magia o de la pura propaganda que en el de los análisis rigurosos y contrastados.

¿Por qué tienden a extenderse comportamientos tan simplones? La verdad es que algunos sociólogos no podemos entender por qué, ya que bastaría con tener unos conocimientos estadísticos básicos y una información somera sobre cómo se hacen las encuestas, y qué se puede esperar razonablemente de ellas, para que se evitaran tantos tropiezos y desatinos.