“El dinero es un bien público” son las primeras palabras del film de Godard. Pero ese no es el comienzo del Film. El film comienza en Godard y termina en el mundo. Pasa por todos los estados para convertirse en algo nuevo, diferente en forma y fondo. El suizo vuelve a apostar por la no-narrativa, y el arte contemporáneo construyendo un discurso crítico y político. El director estrella de la Nouvelle Vague de los años 60, sigue incrementando su radicalidad con los años, su búsqueda del momento preciso, del instante justo, y de la interacción perfecta entre cine y lenguaje.

En “ Film Socialisme” la presentación de un viaje en crucero es el símbolo perfecto de la deriva social y antropológica del hombre de nuestro tiempo. Y la manera de pasar el tiempo dentro de él (discotecas, bingos, juegos)muestra el ruido mediático para no pensar en lo que realmente sucede. Remarcable es el momento donde un profesor da una conferencia completamente sólo. Godard muestra también el concepto familiar, el clan, lo íntimo y más particular, y también lo absurdo (una familia grabada por unos periodistas para captar la realidad inconexa), para caminar en última instancia por el pasado ( Egipto, Odessa, Palestina, Helas, Nápoles, Barcelona) y preguntarse a través de imágenes dialécticas si el sueño, el ideal, ha dejado de existir. Sería demasiado simple intentar delimitar la pieza visual del autor en partes, porque toda ella es un todo. Llena de referencias políticas (Palestina, Egipto, el nazismo, incluso la guerra civil española), el continuo ir y venir de imágenes, en gran definición y grandes panorámicas o en grabaciones caseras con multitud de colores, nos obliga a desprendernos de lo aprendido, a inmiscuirnos de otra manera en el cine, en una nueva pantalla que fusiona la vida actual con el séptimo arte y preguntarnos como dice el octogenario director “cuando se dice «socialista» en lugar de «capitalista». ¿Qué es lo que ha cambiado de verdad ? Eso es lo interesante».

Perderse en Film Socialisme es reflexionar sobre el mundo, un universo vacio donde los hombres navegan sin rumbo entre habitaciones separadas y distintos lenguajes, símbolos de tierras olvidadas o perdidas. Es preguntarse si aprendemos del pasado, si otro mundo es posible. Es buscar el viaje perdido. Perderse en Godard es “pensar” en cine con mayúsculas.