Esta institución, de “gran prestigio” a nivel internacional ha actuado al dictado de una ideología, la neoliberal; defendiendo los intereses de los poderosos, ya sean países o grupos de poder, y sin el rigor que ellos declaraban tener para cobrar lo que cobran y para obligar a los países a pasar por sus recetas draconianas por el bien de la economía y la estabilidad, y pasando por alto el sufrimiento de las personas.

Alguna persona podrá decir que estoy exagerando, ante lo cual lo mejor es destacar algunos párrafos del informe:

• “Durante el período comprendido entre 2004 y el comienzo de la crisis a mediados de 2007, el FMI no advirtió a los países en el epicentro de la crisis, ni a sus países miembros en general, de las vulnerabilidades y los riesgos que finalmente provocaron la crisis”.

• “El FMI no detectó elementos clave que subyacían a la crisis en ciernes. En Estados Unidos, por ejemplo, no analizó, hasta que se desató la crisis, el deterioro de las normas para la concesión de préstamos hipotecarios, ni evaluó de manera adecuada los riesgos y el impacto que tendría en las instituciones financieras una fuerte corrección de los precios de la vivienda”.

• “La supervisión multilateral no dio señales de alarma anticipando la crisis, aun cuando el FMI identificó algunos de los riesgos relevantes”.

• “El FMI, y en particular su informe GFSR, no puso de relieve las vulnerabilidades que se estaban gestando en las grandes instituciones financieras hasta el segundo trimestre de 2008, cuando ya se había desatado la crisis”.

• “El FMI no realizó una evaluación del sector financiero (FSAP, por sus siglas en inglés) para Estados Unidos debido a que las autoridades de este país no dieron su consentimiento”.

• “En gran medida el FMI avaló las políticas y prácticas seguidas por los principales centros financieros sistémicos ubicados en el epicentro de la crisis. En lo que respecta a las cuestiones del sector financiero, el FMI se basó en gran medida en las evaluaciones realizadas por las autoridades de Estados Unidos, el Reino Unido y la zona del euro, quienes tenían confianza en la capacidad de sus respectivos sectores financieros para absorber los shocks que pudieran surgir”.

• “Otro factor que dio lugar a la complacencia fue el resultado de las pruebas de resistencia y otras técnicas analíticas en uso que no lograron captar las vulnerabilidades creadas por los nuevos y complejos instrumentos financieros”.

• “En el caso de algunos países avanzados con una regulación relativamente más rigurosa, las recetas del FMI en materia de políticas parecían preconizar los enfoques adoptados en Estados Unidos o el Reino Unido”.

Los párrafos anteriores, confirman las críticas que durante las últimas décadas se vienen realizado sobre el FMI, un dinosaurio que no sirve, pero que sigue con su voracidad, por ejemplo con las cajas españolas, para favorecer a su señor: el mercado. Hasta ellos lo reconocen cuando dicen que la mentalidad imperante en el FMI es que los mercados son sabios y que la innovación financiera reduce los riesgos sistémicos. Pero que nadie se engañe, este reconocimiento explicito no les está llevando a un cambio de orientación, sino a modificar algunas cosas para que todo siga igual.

Llegados a este punto, es necesario repensar esta institución. Algunos, los propios del FMI, creen que con este informe y otros parecidos y diciendo que van a mejorar su funcionamiento basta. Otros, entre los que me encuentro, creemos que las reformas tendrían que comenzar con su dependencia de Naciones Unidas. ¿Por qué? Porque acabaríamos con la falta de imparcialidad con que trata el FMI a sus accionistas más importantes con respecto al resto, y porque pondríamos la institución al servicio del bienestar de las personas y no de las elites económicas y políticas.