Posiblemente era la primera vez en su vida que cogía un micrófono. Nunca antes tuvo decenas de miles de miradas atentas a su gesto más nimio. Jamás hizo un discurso frente a presidentes, ministros, alcaldes o diputados. Pero pocas veces un solo gesto hizo tanto por la libertad en Euskadi como el protagonizado por Paqui Hernández el pasado sábado día 20.

Los criminales buscaban el terror, la resignación y la derrota de la sociedad vasca. Querían a los vascos arrodillados bajo las bombas y las pistolas. Y se encontraron con Paqui. Ella sola les ha vencido. Una mujer sencilla, agigantada por el ejemplo de su marido, por el respaldo cerrado de sus vecinos, por la fuerza que otorga la verdad y la decencia, ella sola les ha derrotado. Porque hoy hay más voluntad que nunca en Euskadi para situarse tras Paqui y tras Eduardo en la lucha por la paz y contra la barbarie.

Impresionó la manifestación por las calles de Bilbao, hombro junto a hombro, sin distingos, todos a una. Impresionó el discurso del Lendakari, liderando una sociedad sedienta de liderazgo valiente. Impresionó ver a policías con ertzainas, a guardias con municipales, a todos ellos sosteniendo el férretro de Eduardo, «uno de los nuestros» que dio la vida por la libertad de todos. Impresionó la gente que ya no calla.

Pero sobre todos ellos impresionó Paqui Hernández. Viuda y Gudari. Hoy ya podrá llorar, en su casa, con los suyos. No la olvidaremos nunca allí, firme, cabeza alta, con la voz inconfundible de la verdad, acallando el fragor de las bombas. Definitivamente han perdido. Ella sola les venció.