Pero tampoco lo es el inmovilismo, porque hay realidades que están ahí y no se pueden ignorar. La solución, una vez más, es la reforma en profundidad, a través de un nuevo pacto territorial dentro de la necesaria reforma del sistema político y económico para construir la democracia del siglo XXI. Y junto a la solución, también hace falta, al menos, cierta generosidad y reconocimiento a lo que han supuesto estos años de democracia para España, es decir, para el bienestar de los españoles.

Frente a la demonización, la propaganda interesada y el enorme ruido en que vivimos, hay que reconocer el pasado y el presente para avanzar hacia un futuro de convivencia, progreso e igualdad entre todos los españoles.El Estado de las Autonomías ha sido el instrumento más eficaz de vertebración nacional y de cohesión social en la historia de España. Ha sido y tiene que seguir siendo uno de los pilares más sólidos de la unidad de los pueblos de España.

Pero hay que adaptarlo a la sociedad del siglo XXI, lo que hace urgente y necesaria su transformación, para actualizarlo y perfeccionarlo en su evolución natural. Que no es otra, que avanzar hacia el federalismo, con todas sus consecuencias. Para seguir viviendo y conviviendo juntos, que es la única forma de salir adelante con mayor estabilidad y bienestar para todos.

Hay que rechazar abiertamente y con descaro las trincheras que dividen, generan odio y tensión. Y con atrevimiento, hay que actuar y participar a favor de soluciones que faciliten la concordia y el entendimiento. Al mismo tiempo que, sin estridencias, hay que colocarse enfrente de todo aquello que rompa la convivencia.

Muchas personas han caído en la trampa dialéctica de los independentistas con el eslogan del derecho a decidir. Ante esta realidad, es preciso explicar que la democracia es un sueño de igualdad no de construcción de fronteras. Es un sueño, pero también son formas y normas para convivir. Por ello, en cuanto a la celebración de un referéndum sobre el futuro político de Cataluña hay que afirmar que no es posible convocar y celebrar ese referéndum por razones de orden constitucional y por razones políticas. Pero además, nuestro sueño democrático de igualdad está en contra de la autodeterminación y de la independencia que se proponen.

Para resolver el problema que existe, y ciertas elites políticas catalanas y españolas se empeñan en incrementar, la salida es convencer y no intentar vencer. Es acordar una reforma de la Constitución que incorpore las aspiraciones del pueblo de Cataluña y decidirla juntos.

¿Cómo hacerlo? Pues por una parte, instando al Gobierno del PP y al Parlamento de la Nación, para que primero garantice el cumplimiento de la legalidad ante el desafío soberanista, porque soloexiste democracia dentro de la ley democrática y las leyes se cambian de acuerdo con la ley y solo de acuerdo con la ley. Y segundo, renueve y mejore el marco de convivencia común que nos dimos en 1978, a través del inicio de un proceso de reforma de la Constitución en una dirección federal, que reconozca la singularidad de la sociedad catalana y que a la vez clarifique y fortalezca esos lazos que nos unen y que hacen más fuertes a la sociedad catalana y a la sociedad española. Un nuevo modelo de convivencia en el que conjugar mejor unidad y diversidad.

Una reforma que avance en una dirección federal que, entre otros aspectos, como señala el PSOE,delimite claramente las competencias de cada nivel de la Administración; que reforme el Senado para que sea realmente una Cámara territorial; que establezca los principios de un nuevo sistema de financiación justo y solidario; que introduzca garantías de igualdad de los españoles en los derechos sociales básicos, vivan donde vivan; que recoja las singularidades y las aspiraciones de Cataluña y del resto de las Comunidades Autónomas; que promueva una cultura federal, de cooperación, una cultura que reconozca la diversidad y procure la cooperación y la lealtad entre instituciones

Por otra parte, instando al gobierno de la Generalitat, y su mayoría en el Parlamento,a que abandonen la estrategia de confrontación en la que continúan, y caminen hacia la resolución de la tensión existente mediante el cumplimiento de la legalidad democrática y a través del acuerdo, el diálogo y la negociación. ¿Qué significa esto? Que deben alejarse de las posiciones y votaciones que ahondan en la división y en la fractura social, como hemos vuelto a ver nuevamente.

El camino es convencer no vencer. Es la reforma constitucional para avanzar en democracia, que es avanzar en igualdad.

Frente a la V, la C de convivencia y la R de reforma.