Una visión, por cierto, absolutamente masculina. Como es masculino el honor de nuestros caballeros o el bushido de los samurais. Imágenes todas ellas del color sepia de los archivos de nuestra memoria más antigua.

Porque, aquí, en España, mientras parece que todo se hunde a nuestro alrededor, ha tenido que ser una mujer, la Ministra de Igualdad, quien tenga la templanza de dedicarse, desde el Gobierno de España, a introducir nuevas palabras en el diccionario.

Dado que ahora el PP está ocupado en otros temas, en esta ocasión ha hecho menos oposición que cuando en la legislatura pasada decía que el Gobierno se ocupaba de temas que no le interesaban a la gente.

Ha sido un diputado socialista, Alfonso Guerra, quien ha hecho la crítica más relevante al intento lingüístico de la Ministra. Y, como es lógico, lo ha hecho en el ámbito estrictamente cultural. Bueno, pues a pesar de eso, y dado que el tema es francamente espinoso, se ha merecido la sospecha de machista por parte de la miembra del Gobierno.

Con el mismo riesgo de Alfonso Guerra, quisiera entrar en el debate con alguna propuesta positiva. En la actualidad, hay muchas palabras en el diccionario de las que se informa, agregando una «m», que define un sustantivo masculino. Por ejemplo, «miembro». Y esto supone una desigualdad para las mujeres que son miembros de algo y que, cada vez, lo deben ser en mayor medida.

En la actualidad, se está manejando exclusivamente la posibilidad de agregar una cantidad igual de palabras que ponga detrás una «f». En el ejemplo, sería «miembra».

Pero existe también la posibilidad de englobar ambas palabras, «miembro» y «miembra», en una sola que sea neutra. Por ejemplo, «miembre».

Incluso habría una tercera posibilidad, más sencilla y más barata, que sería quitar la «m», con lo que se convertirían todas esas palabras en patrimonio común de ambos géneros.

Yo creo que si de lo que se trata es de igualar y no de diferenciar, me parece un lenguaje más igualitario aquel en el que no se tenga que hablar de «miembros» y «miembras». Y cuando terminemos de dar lustro y esplendor al diccionario español, nos pasamos al inglés, porque no contiene el término «gentlewoman».

Bueno, a alguien le puede parecer pueril todo esto, pero no crean. No sólo de crisis vive el hombre. Y la mujer.