Estas inesperadas goteras, que para algunos son una metáfora de lo que está sucediendo en España, dan la entrada para profundizar en lo que es verdaderamente preocupante en estos momentos en la sociedad española. Que no es otra cosa, que las goteras democráticas que estamos sufriendo la mayoría de los españoles por culpa de las decisiones políticas adoptadas por el Gobierno del Partido Popular. Decisiones que están destruyendo y poniendo en peligro algunos de los más importantes logros de bienestar conseguidos en los últimos treinta años.

Son goteras democráticas que afectan al plano moral, económico, social y político de una sociedad que quiere y demanda más igualdad y más democracia, frente a un Gobierno cegado por un fundamentalismo neoliberal insensible ante el sufrimiento que sus políticas provocan en las personas. Por este motivo es tan importante la movilización ciudadana y la alternativa institucional en unos meses donde la involución económica y social se va a plasmar en numerosas leyes.

Tenemos goteras éticas y morales cuando un presidente del Gobierno se refugia en el silencio y la mentira en el Parlamento para eludir sus responsabilidades en el dopaje electoral de su partido político, en los sobre-sueldos y en la financiación ilegal cuanto menos, por no hablar de la destrucción de pruebas y la relación entre donaciones y obra pública.

Tenemos goteras económicas, no por causa de la deuda y el déficit, como pueden pensar algunos, sino porque el modelo de crecimiento está basado en la especulación y la prioridad del Gobierno es la austeridad suicida. Olvidando el crecimiento, la investigación y, sobre todo, y más importante, olvidando las personas, los millones de familias en paro y el empobrecimiento de la clase media.

Tenemos goteras sociales cuando se pretende acabar con el derecho a la educación de todos los españoles, consagrado en la constitución; cuando se eliminan derechos laborales para que dejemos de ser ciudadanos al entrar en los trabajos y pasamos a ser súbditos; cuando se privatiza la sanidad; cuando pretenden decir desde el Gobierno cuándo se deben tener hijos cambiando la ley del aborto; cuando quieren acabar con la dignidad de nuestros mayores, reduciendo las pensiones para hacer negocio; o cuando su escasa humanidad les lleva a no cumplir la ley de dependencia, con lo que supone de sufrimiento para la vida diaria de las personas.

Tenemos goteras políticas cuando se hace lo contrario de lo que se promete en campaña electoral; cuando se gobierna a favor de las elites económicas y políticas y en contra del interés general de los ciudadanos; cuando las corrupción no se combate; cuando falta transparencia y rendición de cuentas en la política y en la sociedad en su conjunto; y cuando los ciudadanos se dejan de interesar por la política, porque existe un divorcio entre lo que ellos demandan y lo que hacen los gobiernos.

Tenemos goteras territoriales cuando en lugar de solucionar las cuestiones desde el diálogo, se entra en la bravuconada y en la descalificación envuelto en una bandera.

Es verdad, tenemos goteras. Pero también tenemos la fuerza de una ciudadanía que tiene claro que quiere vivir en una sociedad donde la dignidad de las personas esté por encima del negocio, donde la igualdad sea una realidad en sus vidas y donde la libertad sea efectiva, porque hay justicia social.

Hay esperanza, porque otra España mira al futuro frente al “relaxing cup of café con leche”. El último ejemplo: científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas han logrado por primera vez en la historia crear células madre en un organismo adulto, lo que supone un paso de gigante en la regeneración de órganos. Hay que decir sus nombres, Manuel Serrano y María Abad. Porque esta es la España que hay que dar a conocer y que hay que fomentar.

Por último, el PP con Mariano Rajoy a la cabeza, deberían recordar las palabras de Nietzsche: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.”

Adelante.