De esta manera el hambre afecta ya a más del 16% de la población del Planeta y en algunos lugares, como en el África Subsahariana, a una de cada tres personas.

El problema no es que los modestos Objetivos del Milenio no se estén cumpliendo en este y en otros aspectos, sino que se está caminando en dirección contraria, en un contexto general en el que tienden a empeorar las condiciones de los más pobres y necesitados.

A pesar de que las producciones agrícolas han sido cuantiosas en los últimos años, de 2006 a 2008 se han producido sustanciales incrementos de los precios de los alimentos que han afectado de manera más acusada a las personas más pobres, que tienen que dedicar más del 60% de sus parcos recursos a adquirir alimentos básicos. De hecho, los precios de estos alimentos, según ha resaltado la FAO, aun son en 2009 un 24% más altos que en 2006, y un 33% más que en 2005.

Por eso, el número de hambrientos aumenta, y continuará aumentando previsiblemente en los próximos meses, en los que las condiciones de la crisis económica se cebarán en mayor grado en los sectores más débiles de la población.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional también son bastantes sombrías en este aspecto, estimándose que las inversiones internacionales en los países más pobres se reducirán en un 32% en 2009, al tiempo que la ayuda al desarrollo caerá en un 25%. A esto se une la reducción de las exportaciones de estos países (entre un 5% y un 9%) y la propia disminución de los precios de los productos que exportan, así como una caída de las remesas enviadas por los emigrantes de los países en desarrollo de hasta en 8%.

Ante este panorama, si no se toman medidas urgentes, la situación puede hacerse crítica en zonas bastante amplias del Planeta. De hecho, algunos analistas sostienen que las previsiones de la FAO, con ser bastante alarmantes, se quedan cortas, y en base a las cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos se han podido realizar estimaciones que sitúan la cifra de hambrientos en más de 1.100 millones de personas en 2009.

Nunca en la historia de la humanidad se había llegado a tal volumen de personas que padecen hambre, mientras que en los países más desarrollados, aun en las actuales condiciones de crisis económica, se consume y se derrocha prácticamente sin límites y sin conciencia de la situación general del Planeta. Lo cual nos puede estar conduciendo a una crisis social y moral de proporciones desconocidas.

En contraste con esta realidad, en los medios de comunicación social apenas se ha prestado atención al Informe de la FAO. Incluso en un periódico de referencia como El País, en su edición del 20 de junio, esta noticia sólo merecía unas pocas líneas, a una sola columna escondida en la página 46. ¿Tan poco importante es que sólo en un año haya aumentado el número de hambrientos en más de cien millones de personas? ¿Tan insignificante es que todos los días mueran a causa de la desnutrición más de 17.000 niños? ¿Se está perdiendo la sensibilidad ante esta cuestiones, o es que algunos no se creen las cifras? El caso es que, mientras prácticamente se ocultan estas informaciones, se dedican páginas y páginas a exaltar hazañas deportivas –a las que califica recurrentemente como “históricas” (?)– y a comentar y recomentar acontecimientos triviales de personajes intrascendentes. Si esto no es un indicador grave de crisis y decadencia que venga alguien y nos lo explique.