El realizador Julio Medem retoma con su última cinta el cine que le dio reconocimiento y el aplauso de la crítica en 1993 con “La ardilla roja” y en 1998 con “Los amantes del Círculo Polar”. Se confirma como uno de los mejores creadores visuales de nuestro cine. Logra una imagen, fotograma a fotograma, que subyuga con su belleza artística, envolvente y, en definitiva, hermosa.

“Habitación en Roma” no desentona en cuanto a su temática, y por supuesto a su estética. Pero se reduce el universo donde se desarrolla la historia, tanto en lo espacial como lo temporal. Elabora una mirada en los límites físicos de la habitación de un hotel, y la vivencia que describe es rica en sensaciones.

Una habitación de hotel en el centro de Roma es el escenario en el que dos mujeres jóvenes que se acaban de conocer, se internan juntas en una aventura, inicialmente carnal que les tocará el alma. Todo transcurre en una noche y en las primeras horas de la mañana de un día del comienzo del verano de 2008. Por la tarde Alba volará a España, y Natasha a Rusia. La habitación del hotel, es su mundo cargado de la emoción que les provoca este encuentro lleno de erotismo y sensualidad. En él, nacen sentimientos nuevos que Alba y Natasha aceptan, y al mismo tiempo le quitan importancia hablándose con soltura y buen humor. Una complicidad que aparece como natural propiciando situaciones enigmáticas que se resuelven con acierto y buen gusto.

Dos actrices son las protagonistas, que realizan con profesionalidad y sin estridencias su difícil interpretación. Sosteniendo la película más allá del atractivo de sus cuerpos, que embellecen las escenas eróticas y que ocupan menos metraje en el film de lo que da a entender la oportunista publicidad de la promoción. Están brillantemente rodadas estas secuencias, con una la iluminación perfecta que acompaña todos los movimientos de cámara. Destaca la minuciosa atención a los pequeños detalles.