Para los europeístas convencidos, los que sueñan con una Europa ciudadana, popular, solidaria, integradora de bienestar y democracia, ni los ingleses ni los independentistas catalanes se comportan como europeístas.

Los primeros, porque tienen una cultura hegemónica, nostálgica de cuando eran superpotencia, hay que recordar la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, plagada de supervivencias del mundo de Dickens adaptado a la época de la financiarización del capitalismo.

Los segundos, y son quienes más nos interesan, porque utilizan Europa como seguro de negocio o como coartada institucional. Me explico. Artur Mas clama que Cataluña seguirá siendo Europea porque sabe que si aceptase la hipótesis contraría, cualquier ciudadano que sepa sumar y restar sabría que se va a encontrar con fronteras económicas durante unos años, al menos el tiempo de llegar a acuerdos con España y luego con Europa, justamente cuando la Generalitat está casi en bancarrota. Lo que recuperaría al romper la solidaridad con las otras regiones de España no compensaría de ninguna manera las pérdidas en las exportaciones, hacia España primero por evidentes razones de mutuo enfado, no de Estados sino de pueblos, a Europa además por salir del Mercado Único, aunque solo fuese por un tiempo. Por ello, inventa ahora un nuevo plan no para Cataluña, ¡sino para Europa! Propone descomponer Europa y transformarla en una Europa federal de Regiones-Estados y no de Estados. Algo que desde luego va a entusiasmar a Gran Bretaña con la perspectiva de ser cuatro Regiones-Estados, Italia con el Norte constituido en Región-Estado, Bélgica, partida en dos, y lo que pueda llegar. El ideal de Artur Mas pasa por la balkanización de Europa para disimular la balkanización de España. ¿Hasta dónde piensa llegar en su huida hacia adelante?

Desde el horizonte institucional siente la necesidad de asegurar que es necesario un poder político fuerte, con política exterior, fuerzas armadas que la asuman y garanticen la seguridad; y del futuro Ejército de su Estado propio no dice nada Artur Mas. Para eludir responsabilidad de su Catalunya en esto afirma que Europa debe tener más peso político y menos los Estados. Y está dispuesto a ceder a Bruselas los poderes que niega a Madrid. Quiere convencer a sus conciudadanos de que estarán mejor representados y escuchados en esa Europa utópica y multifragmentada que en la España actual.

Artur Mas olvida, en realidad no lo olvida pero no quiere confesarlo, que a los catalanes les dio ciudadanía europea un andaluz que presidía el Gobierno de España. ¿Cree que de ser entonces Cataluña independiente hubiera forzado las reticencias, por no decir la oposición, de los franceses a abrir la puerta de Europa a sus ciudadanos? Ese andaluz, todo el mundo sabe que se llama Felipe González, quién integró en Europa a los catalanes, al mismo tiempo que a los demás ciudadanos de España, también decidió que el Gobierno español rescatase, sí rescatase es el termino correcto, la sacro-santa Caixa. Muchos ciudadanos de la Generalitat no lo saben.

¿Por qué el candidato de CIU no dice que lo que se ahorrará en solidaridad con otras regiones de España, con la independencia, Cataluña lo tendrá que pagar a Rumania o Bulgaria?, al ser desde este año España país contribuyente a los fondos europeos. Y si Cataluña resultara más rica fuera de España, más tendría que abonar a dichos fondos.

En realidad Artur Mas se equivoca o quizá engaña. El camino hacia Europa no es Cataluña-Europa, pasa por España y es por lo tanto Cataluña-España-Europa. Si algo hay que corregir en el tramo español, se puede hacer dialogando, no creando fronteras, que es justamente lo que genera la riqueza de la vocación europea.