Cataluña había alcanzado en España y en el mundo un notable reconocimiento. El carácter emprendedor, serio y laborioso de los catalanes, la solidez de sus instituciones, la prudencia y la sensatez de su población (el famoso “seny”) y la buena preparación y el sentido de la responsabilidad de sus líderes habían hecho posible que Cataluña fuera respetada y admirada por todo el mundo. Las figuras de Tarradellas y de Jordi Pujol –antes de saberse lo que ahora se sabe– y otras varias concitaban una admiración y respeto general.

Pero, ¿qué está pasando ahora con Cataluña y sus líderes? El derrumbamiento de la figura de Pujol y el proceder de Artur Mas están cambiando rápidamente las percepciones existentes en España y en el mundo. Lo cual puede ser un problema tremendo para las perspectivas futuras de Cataluña.

La última ocurrencia –y salida de pata de banco– del Presidente Mas es una guinda que corona un pastel de desatinos que casi nadie es capaz de comprender. Si hace unos días un prestigioso Catedrático dimitía del Comité Electoral Supervisor designado por Artur Mas por entender que lo que se hacía no tenía garantías y era impropio de un país democrático serio, no se sabe muy bien qué podría decirse ahora de la última apuesta por un simulacro pseudo-electoral. ¿A qué nivel lleva Mas a Cataluña con esta nueva ocurrencia más propia de una broma de estudiantes de un Colegio Mayor? ¿Lo está proponiendo en serio? ¿Qué tipo de concepción política bananera tiene el señor Mas? ¿Acaso no sabe el President que una verdadera democracia exige total seriedad y garantías en los procedimientos y las formas? ¿A partir de esto se puede confiar en él –y en su gobierno– en cualquier otra cosa que diga, proponga o haga? ¿Cómo van a reaccionar los empresarios españoles e internacionales a partir de ahora? ¿Qué seguridad o confianza se les puede ofrecer desde Cataluña?

El hecho de que la propuesta de una pseudo consulta tan poco seria y tan escasamente democrática y carente de garnatías aparezca como una decisión personal del Presidente Mas, que ni siquiera conocían sus socios y compañeros de afán independentista, aleja al President de los parámetros democráticos, y del más elemental sentido común político.

Si a todo esto se añade la intención de realizar una lista con los nombres y datos de todos aquellos que respaldan el objetivo secesionista en un clima de creciente exaltación emocional y radicalización de las conductas, el despropósito no puede ser mayor. Obviamente, los que no están en dicha lista quedarán señalados como unos malos catalanes que no se sabe si sufrirán consecuencias negativas en sus vidas y sus trabajos por quedarse fuera de la marea. La sola idea de que pueda existir una lista de excluidos del proceso, después de las visitas domiciliarias y de las presiones en los barrios, en los ayuntamientos, en los lugares de trabajo, etc., es una auténtica monstruosidad cívica y política. Los que queden fuera del simulacro electoral de Mas no solo estarán marcados como charnegos, parias, malos catalanes, traidores a la causa, españolazos…, sino que se verán sometidos al riesgo de sufrir las consecuencias de su proceder. ¿Puede imaginarse una mayor barbaridad política en pleno siglo XXI? ¿Será Artur Mas realmente consciente del alcance de lo que está haciendo y proponiendo? ¿Con quién ha consultado esta nueva propuesta? ¿Quién o quiénes la respaldan? ¿Acaso no es evidente que Artur Mas se puede convertir por esta vía en uno de los mayores enemigos reales de Cataluña? ¿Quién está contribuyendo más a su pérdida de prestigio y consideración en el mundo? ¿Quién está erosionando la imagen de Cataluña? ¿Acaso no existen vías más serias para alcanzar acuerdos razonables que puedan ser asumidos por todos sin causar graves destrozos y sin comprometer la credibilidad futura y el prestigio de Cataluña? ¿Por qué procede de esta manera el Señor Mas? ¿Tiene algún miedo, temor o problema personal que le obnubila el juicio?