Por eso, el reto al que se enfrentaron los nacionalistas catalanes en el actual ciclo democrático español no fue pequeño, ya que, una vez pasadas las primeras euforias de la transición democrática, sabían que acabarían teniendo que remar contracorriente y actuar de una forma creativa e innovadora si no querían perder comba y ser crecientemente incomprendidos en el resto de España y de Europa.

NACIONALISMO Y CONTEXTO HISTÓRICO

Debido a tales circunstancias, los nacionalistas catalanes más inteligentes se han venido empeñando durante los últimos años en modular debidamente sus planteamientos, en enfatizar las dimensiones prácticas de sus políticas y en realizar un esfuerzo permanente de pedagogía política orientada a explicar cómo se puede practicar un nacionalismo moderno y razonable, sin caer en contradicciones sustanciales, en la era de la globalización y de las interdependencias. El reto, desde luego, no ha sido pequeño, ni fácil, sobre todo en los ámbitos progresistas, en los que una parte notable de los electores de algunos partidos catalanes de izquierda ni entienden ni comparten determinados planteamientos nacionalistas. Posiblemente, ahí reside una de las mayores dificultades y contradicciones del nacionalismo en su encaje con planteamientos socialistas modernos. La aminoración de la otrora potente base sociológica del PSUC es una prueba palpable de esta contradicción. Y no habría que desechar que algo similar pueda ocurrir entre el actual electorado socialista de Cataluña si el PSC no acierta a fijar una línea política que pueda ser bien comprendida y asumida por la mayoría de sus electores, sobre todo por los menos proclives al nacionalismo y, especialmente, por significativos sectores de población de procedencia andaluza, extremeña, castellana, etc., que nunca han entendido bien –ni compartido– la yuxtaposición de planteamientos nacionalistas y socialdemócratas, y que se continúan sintiendo, ante todo, más socialistas que catalanistas.

¿HACIA EL ABISMO?

De la misma manera que el PSC puede correr el riesgo de quemarse en esta difícil coyuntura si se decanta por hacer las políticas de “otros” (que terminarían siendo los beneficiarios electorales de esta eventual decantación sesgada), también puede hacer fuerza y virtud de la necesidad mediante una estrategia inteligente que pueda ser vista como la solución integradora, pacífica y viable a la que aspiran amplios sectores de la población catalana que no desean verse inmersos en riesgos y tensiones como las que padecen otros pueblos del Planeta. Para ello, sería preciso que las palabras y los hechos de los líderes actuales del PSC fueran suficientemente claros y plenamente concordantes con estos propósitos. Y que así se percibiera fuera y dentro de Cataluña.

No es extraño que sean muchos los que están preocupados y extrañados por el curso de los acontecimientos en Cataluña, sobre todo por la impresión que a veces se está dando de ausencia de una adecuada evaluación de riesgos y posibilidades efectivas. En el campo del socialismo catalán habría que tener en cuenta no sólo la composición sociológica de sus electores, sino las propias tendencias de malestar y desafección que existen entre una parte de los votantes del PSC y el PSOE, debido a una evolución económica y social que está siendo bastante desfavorable; lo cual, de rebote, tiende a situar algunas reivindicaciones de carácter nacionalista en un plano más secundario que los acuciantes problemas que suscitan el paro, las necesidades sociales y la crisis económica.

En cualquier caso, los problemas de fondo son mucho más complejos; lo que exigiría tener más en cuenta realidades sociológicas y políticas como los temores y dudas de una parte de las clases medias urbanas que están muy sensibilizadas por los graves problemas y conflictos que en otros países se desataron no hace tanto tiempo a partir de confrontaciones nacionalistas extremas, mal gestionadas y mal planteadas por unas élites políticas que no supieron medir bien las consecuencias de algunos de sus actos e iniciativas. También existe preocupación entre significativos sectores empresariales, que no saben muy bien cómo podría encajarse, o re-encajarse, la economía catalana en el complejo haz de interdependencias e intereses, tanto en el ámbito español como en el de la Unión Europea. Y, finalmente, y no como lo menos importante, están los estados de opinión y los deseos y expectativas de muchos ciudadanos que para nada son partidarios de grandes tensionamientos ni conflictos. Además, muchos de estos ciudadanos, sobre todo de 35 años para abajo, actualmente tienden a definir sus identidades de una manera mucho más modulada y relativa, sin los componentes de bipolaridad, emocionalidad y auto-afirmación que existieron durante los años del franquismo y la inercia política posterior. Para la mayor parte de los jóvenes y para un buen número de catalanes de edades intermedias todo eso es mero recuerdo y no entienden bien que algunos aún continúen blandiendo argumentos construidos a partir de aquellas circunstancias felizmente superadas. De hecho, en las Encuestas sobre Tendencias Sociales del GETS venimos constatando en los últimos años un creciente declive de la proporción de catalanes que definen sus identidades territoriales primordiales como catalanas, sobre todo entre los jóvenes.

RIESGOS PARA CATALUÑA

¿Entenderían unos y otros tipos de catalanes, de unas y otras edades y características sociológicas, que se pongan en riesgo muchos de los logros alcanzados en los últimos años para alcanzar unos objetivos tan problemáticos y tan difíciles de encajar en la compleja e interdependiente realidad europea actual? ¿Han meditado y evaluado determinados sectores de las élites políticas e intelectuales catalanistas a dónde pueden conducir algunos de sus actuales propósitos y argumentos? ¿Son conscientes de las tendencias a verse distanciados –e incluso confrontados– con una parte estratégicamente muy importante de la opinión pública? ¿Se dan cuenta del lío en el que se meterían –y meterían a Cataluña– con estrategias tan rupturistas como la propuesta de concurrir a las próximas elecciones con “candidaturas soberanistas unitarias” con un diseño y propósito similar al de las elecciones municipales de abril de 1931?

Es mucho lo que se van a jugar algunas élites políticas catalanas si no entienden que Cataluña es actualmente una realidad económica y sociológica sumamente compleja e interdependiente, en la que concurren múltiples intereses y necesidades, que no se pueden obviar, en un contexto general en el que se hace notar –obviamente– la presencia de más de un millón de residentes con procedencias y raíces en otras regiones y comunidades españolas. A lo cual se ha unido últimamente la presencia de cerca de otro millón y medio de personas venidas de otros países, que lo que quieren es tener oportunidades de trabajar, prosperar y vivir en paz, sin mayores problemas ni conflictos.

En fin, esperemos que el período estival permita enfriar algunos ánimos exaltados antes de que las palabras pronunciadas en momentos de tensión acaben haciendo presos a algunos líderes de unas estrategias poco meditadas y escasamente realistas, que no se sabe muy bien a dónde pueden conducir.