Este incipiente, pero constante, incremento de la participación está produciéndose como consecuencia del aumento de las desigualdades que ha generado el capitalismo financiero en las últimas décadas. En él, se consolida una élite económica y política cada vez más poderosa y rica, mientras la miseria, el hambre y la injusticia social están presentes con unos trazos cada vez más gruesos y fuertes en amplias capas de la sociedad.

Partimos de una crisis de ciudadanía que varía según el lugar geográfico donde nos encontremos. En Europa, es una crisis de la ciudadanía social derivada del aumento de las desigualdades como consecuencia de recortes de derechos sociales que están ocasionando las políticas neoliberales en educación, sanidad, pensiones y servicios sociales. Derechos que hasta hace pocos años los europeos consideraban como conquistados y consolidados, y ahora se están perdiendo de manera acelerada.

En otras latitudes, es una crisis de ciudadanía más vinculada a conquistar una ciudadanía civil (derechos individuales: libertad de la persona, libertad de expresión, de pensamiento y de religión, el derecho a la propiedad; y el derecho a la justicia) y política (derecho a participar en los procesos políticos y a ser elegidos), como mecanismo de incremento de la igualdad y la justicia social.

Pero, sea por una u otra causa, la movilización ciudadana en Europa, en Brasil o en cualquier parte del mundo se va a ir incrementando. Gracias a la sociedad de la información y al conocimiento de lo que ocurre en otras partes del mundo, las personas no se van a resignar a la pobreza. El ser humano ha interiorizado que su dignidad se conquista y hace realidad de manera más extensa y efectiva en democracia.

Hoy más que nunca la democracia es igualdad. Por ese motivo, los ciudadanos del mundo quieren conquistar la ciudadanía social que se produjo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque con ella, y con su pieza clave que ha sido y es el Estado del Bienestar, se ha producido el mayor avance en igualdad de la historia de la humanidad.

La conquista de la ciudadanía social provocó una notable mejora en la distribución equitativa de los recursos y de las oportunidades de vida en Europa. Hoy la pelea está entre los que pretenden acabar con esta ciudadanía social en Europa y su extensión a otras partes de la humanidad; y unos ciudadanos, cada vez más y mejor coordinados, que desean conservar y ampliar sus derechos, unos derechos que no son monopolio de la Vieja Europa, sino de todo el mundo.

Se producirá con mayor rapidez o lentitud, seguro que tendrá altibajos, pero el resultado va a ser claro: el incremento de la participación y la movilización ciudadana en Europa y otras partes del mundo ha comenzado y va a ser imparable. ¿Por qué? Porque están luchando contra la exclusión y la precarización de sus vidas. Porque quieren hacer realidad su sueño de igualdad, dignidad y felicidad.

Estamos ante una nueva etapa de avance democrático. Sé protagonista y participa.