El pueblo español es solidario, se conmueve con las desgracias. Y no escatima esfuerzos económicos ni particulares ni los que corresponde al conjunto del Estado como contribuyentes.

Ya veremos luego qué pasa con Haití. Cuando la “normalidad” se reestablezca, Haití seguirá siendo un mundo pobre, con un gran déficit en derechos y libertades, y viviendo en las mínimas condiciones de subsistencia. Entonces será cuando hay que dar el do de pecho y demostrar que la Comunidad Internacional es capaz de garantizar una esperanza a un país que estaba olvidado de nuestras retinas pese a su famélica pobreza. El terremoto ha sido una trágica llamada de atención sobre una tragedia permanente.

¿Si demostramos ser solidarios con los de fuera, por qué se produce en la misma semana el caso de Vic o de Torrejón? Porque resulta mucho más difícil COMPARTIR cuando la pobreza y la necesidad está en nuestra propia casa.

En primer lugar, felicitar al Gobierno de España, a la firmeza y seguridad de su Presidente, y al partido socialista por la contundencia con la que ha frenado la ilegalidad que pretendía realizar el Ayuntamiento de Vic.

Ante todo, y por encima de cualquier cosa, hay que atender humanitariamente a cualquier persona, independientemente de su estado social. No hay ilegales, ni invisibles, ni personas de segunda o tercera. Hay personas. Pero con condiciones sociales y económicas diferentes.

Ahora bien, aclarado este principio, muestro mi preocupación por lo que supone “asomar” la patita en el debate de la inmigración. ¿Cómo se han generado a lo largo de la historia “los huevos de serpiente”? Se llama a la conciencia de “lo nuestro”; se manipula que los “otros” vienen de fuera y nos quitan los trabajos, se llevan nuestras becas, y nos roban los derechos. Se crean barrios guettos, colegios sólo de inmigrantes, se contrata laboralmente con menos salarios y menos condiciones. Y, mientras la economía va bien, los inmigrantes resultan “mano de obra” barata para hacer el trabajo de menor rango. Cuando existe crisis y paro, resulta más fácil mirar al de fuera y culparle de su bajo salario, de sus malas condiciones laborales o de su falta de derechos.

Los discursos fáciles, demagógicos, incendiarios, extremistas, nacionalistas de defensa de “lo nuestro”, prenden como una cerilla. Porque hay una realidad que es la que, desde la izquierda, hay que analizar con mucho cuidado: en épocas difíciles, la crisis económica supone siempre un enfrentamiento entre quienes menos tienen: los inmigrantes y los trabajadores.

La inmigración no es una amenaza para la clase media ni para el empresariado. La inmigración es una competencia para los parados, los que no tienen estudios, los más débiles y vulnerables de la sociedad, los que comparten las becas en los colegios porque son las rentas más bajas.

La integración no sólo es humanitaria y cultural, sino también económica.

Por eso, el PP se desliza peligrosamente con un discurso demagogo, dispuesto a pescar votos, aunque sea a costa de “incendiar” la convivencia y despertar sentimientos de insolidaridad, que pueden rallar en la xenofobia (la culpa es del gobierno ZP, “papeles para todos”, la ley de extranjería, no hay becas y ayudas, la sanidad la copan los extranjeros y un largo etcétera). Y mientras, abren el debate de la reforma laboral con despidos más baratos, jubilaciones con más años, flexibilidades contractuales, bajadas de impuestos, etc.

Pero bien sabemos que hay problemas. Los hay cuando sufren mucho los de fuera que vienen buscando una huída a países como Haití, y sufren mucho los de dentro que se ven abocados al desempleo en una época de crisis.

Y, en esta situación desesperada para muchos, de enfrentamientos sociales, de contrastes entre la solidaridad y la insolidaridad, entre enviar dinero y no tener recursos suficientes, ¿qué modelo de economía debe sacarnos de esta crisis? ¿Qué opinión o alternativa tiene el representante de los Empresarios Españoles? Todavía me pregunto: ¿por qué le aplauden a Díaz Ferrán? ¿Qué meritos ha hecho? Sus trabajadores no cobran desde hace meses, no pueden ir al paro, no pueden buscar otro trabajo, y se encuentran hipotecados, esperando que Díaz Ferrán cumpla con sus obligaciones de empresario. Las mismas que tenía en épocas de beneficio. Conozco muchísimos empresarios que no actuarían nunca como la está haciendo este señor.