Harry Potter se hace mayor. Tras 7 entregas (que se dice pronto) la saga concluye con esta séptima, que no obstante viene dividida en 2 partes (para el final habrá que esperar a la primavera-verano de 2011). Habrá quien vea en esta división una estratagema comercial, “alargar el negocio”, pero lo cierto es que el mayor número de páginas de los últimos libros pedía a gritos una extensión de las películas. Podemos decir que ha sido para bien.

Esta película ha subido el nivel de las aventuras del joven mago por tres motivos claros. El primero es la duración. Frente a otras entregas atropelladas (en especial “El cáliz de fuego”) aquí el director se toma su tiempo para presentar acontecimientos, personajes, reacciones, y consecuencias: en esta parte se juega mucho con los silencios y las reflexiones de los personajes. El trío protagonista cobra cuerpo y entidad, definiéndose cada uno de los caracteres, cada uno con sus dudas y temores. Se establecen pequeños matices que nos ayudan a entender este peculiar triángulo, y a hacer creíble su amistad, cuando antes en algunos pasajes de otros films parecían marionetas que iban de aquí para allá.

En segundo lugar llevamos oyendo desde la tercera parte ese lema de “Ésta es la parte más oscura de todas”, pero no: aquí sí que podemos tomarnos en serio el conflicto entre los bandos de magos, con escenas de tensión y contundencia seca, sin adornos ni florituras (baste de ejemplo cómo empieza la película). Se nota un cambio de sentido y de espectador al que se dirige: no obstante el niño que empezó viendo la primera ya ha crecido y no quiere que le cuenten de nuevo lo mismo. Sin duda no es una película para niños pequeños (no tanto por lo que se muestra sino por el enfoque del relato).

Por último, se percibe claramente que la trama está encarrilada y avanza hacia un final concreto. Las 3 películas que han pasado desde la tercera parte (para muchos el trabajo de Alfonso Cuarón fue el más logrado, en “El prisionero de Azkabán”) han pasado sin mayor trascendencia, pudiendo un espectador saltarse algún episodio sin miedo a perder la trama (salvo el final de la plomiza sexta parte). Aquí ya se percibe que las cosas por fuerza no pueden ser iguales y se agradece: no obstante, es de remarcar el detalle de que por primera vez no vemos en absoluto el castillo de Hogwarts. Por supuesto, solvencia por descontado en dirección artística y efectos especiales, destacando y mucho la fotografía del portugués Eduardo Serras.

Tenemos en definitiva uno de los episodios más redondos de la serie del joven mago, si bien algunos puntos del metraje pueden hacerse lentos. Aquellos que no esperaban nada nuevo pueden encontrar gratas sorpresas en un relato de misterio con dosis de aventuras y buenos momentos dramáticos. Esperemos que el final tenga el mismo buen acabado, y así una saga que parecía perderse con el tiempo tenga un final a la altura de sus mejores momentos.

Lo mejor: La saga se reconduce con uno de los episodios más logrados y redondos.

Lo peor: Podría haber tenido un poco más de fluidez en momentos puntuales, especialmente en el tramo del “peregrinaje”, aunque también eso ayude a reforzar cierto realismo.