Esta exposición sorprenderá a quien la visite y contemplar las obras, no sólo por la calidad de ellas, sino también por la cantidad de nombres que descubrirá, incluso sin adentrarse en el catálogo de la misma donde además se ofrece una gran panorámica sobre mujeres artistas por redescubrir.

La llamada de atención que hace la profesora Rocío de la Villa para que a partir de aquí no sea excusa el desconocimiento de estas y otras artistas, hace que nos planteemos la exposición no sólo como un mero recorrido por obras y nombres, sino que junto a las piezas se plasma la base teórica y la oportunidad (ética y estética) para ir ensanchando la mirada y la terminología artística, como la lectura atenta que hace Carmen Gallardo sobre la “Odisea” redescubriéndonos a Penélope, paciente sí, pero fundamentalmente sagaz.

Parafraseando a Camille Plagia todavía no ha habido hombre que no haya sido tejido a partir de una mera fracción de plasma y quedar convertido en un ser consciente en el cuerpo telar de una mujer. Así, entre la maternidad y el objeto erótico ha devenido gran parte de la representación de las mujeres en la pintura, aunque ahora ocupando el puesto de Ulises, ellas, también heroínas, se descubren en soledad, igual que todos, héroes o no. Sin entrar en detalle estas heroínas, Penélope, Circe, Medea o Ifigenia, no suelen ser distinguidas como viajeras, a no ser como impelidas acompañantes u objeto de representación vicaria. En “Habitación de hotel” (Edward Hopper, 1931), esta Penélope o Ifigenia leyendo un horario de transportes en esa solitaria habitación ¿estará tejiendo la estrategia de regreso al hogar, ese “nostos” habitual de los héroes, estará huyendo o esperando?

No debemos olvidar que en el mito no hay teoría (filosófica) pero sí hay conocimiento. A Atalanta solo poniéndole obstáculos (manzanas de oro) se la vence en carrera (Guido Reni, “Atalanta e Hipómenes”, 1618-1619). Situación esa tan habitual hoy día, que podemos ver la atemporalidad del mito, su inmortal legendario. Pero los obstáculos sociales no son una barrera para el genio, así llega la transgresión (Medea), con Pipilotti Rist (Ever is Over All, 1997), cual bacante con el tirso va aguijoneando el símbolo tan adorado de tantos veloces Hipómenes.

El sistema del arte se ha estructurado discriminando el talento de las mujeres. Sofonisba Anguissola, destacada pintora con gran cantidad de autorretratos, ayudó a que este género se difundiera entre las mujeres, acaso como autoafirmación (su mirada directa así parece declararlo) de su propio pensar en ellas, de su autorreconocimiento para no caer en el peligro del olvido, demostrando ante la posible incredulidad de los demás, la propia ejecución. Lo vemos también Elisabeth-Louise Vigée-Lebrun («Autorretrato», 1791), sonriente, como si el exilio y el fracaso amoroso no fueran con ella, fiel retratista de María Antonieta, alude en éste, quizá a esas reuniones ilustradas de salón, adonde el arte pasó un tanto agotado de grandiosidad barroca. Autorretratos que funcionan como remoto antecedente de ciertas “Performance, Happening o Body Art” donde las propias artistas, su propia figura es sujeto/objeto de la ejecución (véanse en este caso las obras expuestas de Marina Abramovic, Renee Cox o Janine Antoni). Obras poderosas que van resolviendo la anonimia de su representación en instituciones de conocimiento vedadas a su reconocimiento profesional.

Desde la segunda mitad del siglo XX se viene generando una nueva narrativa que, sumada a todos los ismos y post-ismos, está fraguando en estas primeras décadas del XXI entre los grandes museos occidentales. Gracias, entre otras cosas, a los estudios de género, hoy estos museos ven la necesidad discursiva de incorporar obra de mujeres artistas que igualen la balanza, no por el mero hecho de compensar, sino porque, como decíamos antes, existe la formación, la producción y la teoría artística, es tiempo de buscar. De este modo, “Heroínas” actúa también en homenaje a esa corriente subterránea de la Historia (del Arte) donde cada mujer ha sido capaz de establecer el propio imaginario colectivo, facilitando ese reconocimiento creativo a las siguientes, y ha asumido el reto de reconstrucción de la identidad de las mujeres restando dolor y camino.