Una de las consecuencias de los cambios sociales que se han producido en las últimas décadas, ha sido el retroceso democrático provocado por la extensión de hiperliderazgos democráticos, que si bien tenían y tienen una legitimidad democrática de origen, posteriormente, ante la concentración excesiva de poder que acumulan, acaban debilitando las instituciones democráticas.

Esta realidad, observable con claridad en las sociedades democráticas más asentadas, conlleva:

• La sumisión al “jefe” y el silencio complaciente como mecanismo de recompensa y clientelar, y el castigo hacia quien piensa y opina con libertad.

• El debilitamiento de la estructura de los partidos políticos, que quedan cada vez más desdibujados, con menos capacidad de decisión y con menos vida interna. Se prima la organización informal, más fácilmente controlable, aunque se mantiene el formalismo congresual y de discurso político.

• El debilitamiento de la estructura institucional, donde la organización política del Estado queda absorbida por la omnipresencia y las decisiones del “jefe”, ya sea presidente del gobierno o presidente de la república.

• Afianzar el liderazgo en los medios de comunicación, no del partido político y sus ideas, sino centralizar en la figura del líder la presencia mediática y convertir la política en un espectáculo fundamentalmente.televisivo.

• El intento de contentar a toda la sociedad con la exaltación de un discurso difuso del interés general, con referencias inespecíficas a casi todos los sectores sociales, pero a ninguno en particular. En su afán de contentar a todos acaban poniéndolos a todos en su contra, y esta inseguridad práctica se contrapone con el estilo carismático de su forma de ejercer el poder.

• Explotar el poder al servicio de sus fines, lo que le lleva a un distanciamiento o acercamiento de las organizaciones sindicales y sociales dependiendo de la situación política en cada momento.

• La apología propagandística de la figura de un líder cercano a la gente y sus necesidades que se ocupa personalmente de todo a pesar de los obstáculos que provienen desde la política, ya sea desde los partidos políticos o desde las Asambleas o Parlamentos.

Estos son los comportamientos políticos que estimulan el desencanto de los ciudadanos hacia la política y los políticos. La compatibilidad de la autoridad responsable con el liderazgo ético se convierte en el mayor reclamo de la ciudadanía, frente a uno de los síntomas de decadencia o deficiencia de los sistemas democráticos, que se encuentra en los seguidismos provocados por el culto al líder.

¿Cómo combatir esta deriva personalista y autoritaria que se confirma en los sistemas parlamentarios europeos extra-ley y con nefastas consecuencias para la salud democrática? Con más sentido de lo colectivo. Un sentido de lo colectivo, que incluya elementos esenciales como el control político y la rendición de cuentas como norma insoslayable; el papel insustituible de los partidos políticos como columna vertebral de la democracia; el fomento de la pluralidad intra y extramuros de los partidos y las organizaciones sociales; penalizando el monolitismo y abandonando la unanimidad como objetivo último.

Así es como promoveremos el enriquecimiento colectivo, el fortalecimiento de la democracia y la cercanía de los ciudadanos a la política. Así avanzaremos de una democracia representativa a una democracia participativa donde primará la búsqueda de la igualdad, la libertad y la justicia social.