En ese mismo escenario, el portavoz del PP, Pío García Escudero solicitaba elecciones anticipadas al más puro “estilo Aznar” (en 1994, el entonces líder de la oposición, José María Aznar, en un Debate sobre el Estado de la Nación pronunciaba una de las locuciones por las que sería más recordado: aquélla de “váyase, señor González”). La Constitución, en su artículo 101, prevé cuatro supuestos en los que puede cesar un Gobierno: tras la convocatoria de unas elecciones, tras la pérdida de la confianza parlamentaria por parte del Presidente, tras su dimisión o por su fallecimiento. Descartando como improbables la cuarta y la segunda quedarían dos hipótesis posibles: que Zapatero disolviera las Cortes o que presentase su dimisión. Mientras en 1994 Aznar se decantó por la segunda opción frente a González, el Partido Popular de 2010 ha preferido la primera. Y no es una elección trivial. La de 1994 suponía no respetar la voluntad popular de unas elecciones recién celebradas, y la de 2010 considera que han sucedido cosas que merecen un nueva pronunciación en las urnas.

El Partido Popular se ha desenmascarado una vez más, por sus formas, pero también por su fondo. Las elecciones anticipadas que pide pueden compararse con apagar un fuego utilizando un chorro de gasolina y revelan que lo único que les importa en estos duros momentos es llegar al gobierno. El bienestar de los ciudadanos parece no importarles, ¿cuándo les ha importado?