Los datos denotan, un cierto éxito en los planes de extinción, pero un fracaso en los planes de prevención ya que la cifra total se sitúa sólo ligeramente inferior a la media de los últimos diez años. Hasta la fecha los incendios forestales se han llevado por delante 27.853 hectáreas y estamos sólo a mediados de julio. También fiel a la media de la década.

Quizá sean precisas unas pinceladas que nos acerquen a la realidad de nuestros bosques para poder entender el tremendo daño ecológico y socio-económico que producen los incendios forestales cada año:

España es el segundo país de la Unión Europea por superficie forestal después de Suecia, el primero de la ecorregión mediterránea y el tercero en superficie arbolada después de Suecia y Finlandia.

Casi el 70% de los bosques españoles es de propiedad particular. Del total de la superficie forestal española, sólo el 13% cuenta con planes de gestión, la mayoría en terrenos públicos. Sólo el 5% de los bosques españoles en terreno privado tiene planes de gestión adecuados

La gestión forestal es competencia de las comunidades autónomas, aunque el Gobierno central es responsable de asegurar un objetivo común para la política forestal española.

Los bosques son el hábitat de una gran cantidad de seres vivos y el modo de vida de muchos pueblos. Los incendios forestales, además de suponer un desastre para la conservación de esta rica biodiversidad, se convierten en un problema para el medio de vida de muchas personas que viven del aprovechamiento de los recursos forestales.

Pero el fuego se lleva más cosas. Los bosques y los suelos sobre los que se asientan actúan como embalses naturales. Las ramas y troncos de los árboles recogen y distribuyen el agua de lluvia, evitando que corra rápidamente por el suelo. El agua penetra en el suelo forestal, que puede retener el agua durante largas temporadas, alimentando ríos y manantiales. Esta función de regulación hídrica ayuda a evitar inundaciones e incrementa las disponibilidades hídricas de los meses secos, cuando más falta hace.

Los bosques colaboran en la retención y mejora del suelo, evitando la erosión y desertización. También, el intercambio de gases con la atmósfera y la evapotranspiración que realizan los bosques contribuye a amortiguar los cambios bruscos de temperatura, configurando el clima local. Junto con los océanos, los bosques son los grandes reguladores del clima global, y su desaparición es una triste contribución al cambio climático.

La problemática de los incendios forestales es compleja y no se puede abordar desde un solo ángulo o perspectiva. La principal causa de los incendios forestales en España es la persistencia en el medio rural del uso del fuego como herramienta de gestión de los ecosistemas. A esto hay que añadir un problema estructural del medio forestal español: el abandono del monte. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el éxodo de la población rural a las ciudades ha supuesto el fin o el decaimiento de la mayoría de los aprovechamientos forestales con el consiguiente aumento de la biomasa en los montes.

La escasez de planes de gestión forestal, la descoordinación entre las políticas forestales autonómicas y estatal, las carencias en la reforestación de tierras agrarias impulsada por la Política Agraria Común y la deficiente gestión e inversión en montes privados alimentan los grandes incendios del futuro. Además, en un escenario en el que el cambio climático adquiere cada vez más peso, la tendencia futura de los grandes incendios es preocupante. El incremento de días con condiciones meteorológicas extremas facilitará el desarrollo de los GIF.

El aumento la interfaz urbano-forestal también ha aumentado el riesgo de incendios. Es cada vez mas frecuente el uso recreativo del monte, el turismo en la naturaleza, etc. La mayor cantidad de infraestructuras (carreteras, tendidos eléctricos, urbanizaciones) en el medio forestal incrementa también el riesgo de incendios.

Volviendo a las causas, además de los accidentes, negligencias, pirómanos, cazadores, etc., la intencionalidad en España sigue siendo muy alta, y persiste un porcentaje de incendios donde se sospecha la existencia de intereses económicos, laborales y/o posibles cambios de uso del suelo.

Acabar con la principal causa de los incendios forestales en España, el uso del fuego en el medio rural, es una tarea lenta que necesita de la colaboración de los afectados, la implicación de los sindicatos y la búsqueda de alternativas a los problemas derivados del avance del matorral y el manejo de pastizales.

También se hace necesario gestionar más y mejor las masas forestales, reduciendo la cantidad de biomasa, siempre teniendo en cuenta el funcionamiento de los ecosistemas y la necesidad de respetar la diversidad estructural del bosque, la existencia de madera muerta, etc.

Sería importante desarrollar modelos de selvicultura que tengan en cuenta la variable del cambio climático y que, además de imitar la naturaleza, favorezcan la diversidad genética y específica y reduzcan la densidad de arbolado con vistas a hacer las masas menos vulnerables a las plagas, incendios, enfermedades como la seca, etc.

En esta tarea las administraciones públicas tienen un papel fundamental ya que su actuación abarca desde el ámbito de la legislación, gestión, investigación, dotación de recursos, participación en los procedimientos penales hasta los programas de sensibilización a la ciudadanía.

La ciudadanía debe extremar las precauciones cuando hacen uso del medio rural y forestal. Es imprescindible seguir apelando a la colaboración ciudadana para identificar a los incendiarios.

Greenpeace denuncia que sólo de detiene al 1% de los que queman los montes y que sólo un 20% de esos detenidos acaba siendo juzgado por delito de incendio forestal. Pese a ser un problema de primer orden y al que los españoles identifican como el principal problema ambiental del país, todavía se desconoce el origen del 47% de los 20.000 incendios forestales que se producen al año.

Esta organización ecologista realizó un interesante análisis para sacar del anonimato a los que están quemando los bosques españoles. Identificó 8 arquetipos y realizó un «retrato robot» de los mismos. Estos 8 personajes, causantes de los grandes incendios que han asolado los montes españoles en las últimas décadas, aparecen en las estadísticas de causalidad de incendios forestales del Ministerio de Medio Ambiente, en los análisis de detenidos por la Guardia Civil, en los perfiles que se deducen de las sentencias por incendio forestal

Así, con datos del Ministerio de Medio Ambiente para el periodo 1996-2005 y sobre el total de incendios con causa conocida y de los que se tienen datos, estaríamos hablando de: el agricultor irresponsable, que con sus periódicas quemas de rastrojos ocasiona más del 31% de los incendios y el 13,9% de la superficie quemada; el ganadero inconsciente, que con sus quemas para la regeneración de pastos ocasiona el 21,5% de los incendios y produce el 26,5% de la superficie quemada; el mal cazador, que provoca fuegos para favorecer a determinadas especies cinegéticas, ocasionando el 2,1% de los fuegos y el 4,37% de la superficie quemada; el imprudente, que con sus hogueras y colillas mal apagadas ocasiona el 6,7% de los incendios y el 7,8% de la superficie quemada; el pirómano, persona trastornada sin intención de hacer daño pero que provoca el 7,5% de los incendios y el 4,9% de la superficie quemada; el asocial conflictivo, persona altamente conflictiva, con problemas de integración social y de drogo-dependencias que provoca el 3% de los incendios y el 4,6% de la superficie quemada, el interesado, ciudadanos que buscan aprovecharse de los efectos de los incendios forestales por diversos motivos y que generan el 0,6% de los incendios, 0,3% de la superficie quemada y finalmente don Importante que desde su despacho y con sus decisiones ha provocado el 2,6% de los incendios que han originado el 6,7% de la superficie quemada.

La actividad de estos 8 tipos de incendiarios representa una amenaza para los bosques españoles. Ellos representan al 60% de los incendiarios identificados, son responsables de 3 de cada 4 incendios con causa conocida (el 75,28%) y queman el 70% de la superficie forestal que arde cada año en España.

En definitiva, hace falta un gran pacto social para reducir los espacios de impunidad en los que se mueven los que queman los montes y piensan que no les va a pasar nada. Porque nunca les descubrirán en el momento de cometer el delito o el acto negligente y si les ven, nadie los delatará.