Cuando hay en torno a trescientas personas en los ataúdes del hangar del aeropuerto de Lampedusa, convertido en una inmensa morgue, los Gobiernos y la Comisión Europea hablan de futuros acuerdos y de que “Europa debe moverse”; muchos ciudadanos gritan y sienten ¡¡vergüenza!! Y en los medios de comunicación aparecen imágenes y se escriben frases donde describen la tragedia del hundimiento del barco lleno de inmigrantes (¿inmigrantes? ¿No será mejor decir personas? ) y afirmar que “la desgarradora historia de estos inmigrantes estremece a Europa y al mundo”.

Pero, ¿de verdad estremece? ¿De verdad es desgarradora esta denominada “historia”? ¿Para quién es desgarradora y estremecedora esta tragedia? Sin lugar a dudas, para los afectados y sus familias; para los que piensan -o en estos momentos están embarcados- en la titánica travesía de querer llegar a Europa desde la más absoluta pobreza y al albur de las mafias; para los habitantes de esta pequeña isla, que ayudan constantemente a estas personas cuando están en el mar o llegan a las costas, frente a leyes que se lo impiden y les amenaza con castigos; y para los millones de personas de bien que no criminalizan la inmigración y a las personas de otros países que abandonan su hogar para intentar vivir el sueño de una vida mejor.

Pero junto a estos seres humanos de bien, que anteponen la dignidad de las personas a cualquier otra excusa, hay otro grupo muy numeroso, silencioso a veces, y otras bullicioso, en el aplauso a la criminalización de la inmigración que hacen sus gobiernos o personajes populistas con la intención de sumar un mayor número de votos. Su comportamiento, ayer, hoy y en el futuro, provoca que la mancha de la indiferencia esté calando muy hondo no solo en las conciencias sino en las políticas que realizan los gobiernos.

Hay que decirlo alto y claro, la indiferencia se está globalizando. Sí, ese estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado, como lo define el diccionario de la Real Academia Española, ha penetrado en nuestros Gobiernos y en muchos ciudadanos que se consideran personas de bien. Y por eso, es urgente reaccionar y tomar medidas concretas.

¿Hasta cuándo se va a seguir permitiendo, como en los últimos años en toda Europa, que se utilice la inmigración políticamente por populismos cada vez menos acomplejados ante la impunidad con la que actúan?

¿Hasta cuándo los mismos medios de comunicación que ahora sacan a las víctimas en primera página, o en las primeras noticias de los telediarios, van a seguir utilizando el lenguaje maniqueo de las supuestas “puertas abiertas” a la inmigración, para atacar a Gobiernos con los que no coinciden ideológicamente o para generar preocupación o alarma social?

¿Hasta cuándo las excusas para no hacer nada, o hacerlo con disimulo, cuando lo fundamental en una Europa que es cuna de las libertades y de la democracia es humanizar la inmigración en lugar de criminalizarla?

Pues, hasta que los ciudadanos quieran, porque desgraciadamente, en el momento que dejen de verse los ataúdes y la noticia no importe ya en los medios de comunicación, los Gobiernos “bien intencionados”, volverán a su falsa normalidad, donde la inmigración no tiene que ocupar un lugar destacado.

Es cierto que Europa tiene que moverse. Pero no dando un puñado de euros ante cada tragedia para limpiar conciencias. Tiene que adoptar una política conjunta común, y establecer, como hizo España con Gobiernos socialistas, una política integral de inmigración que se base en una política activa de integración social, en la lucha contra las mafias y la inmigración clandestina, y en canalizar los flujos migratorios al mismo tiempo que se potencian las políticas de cooperación al desarrollo.

Frente a la política del PP y otros Gobiernos en Europa, donde se criminaliza al inmigrante y se le quitan derechos básicos como la sanidad, hay que humanizar la inmigración. Siendo conscientes que sin legalidad no hay integración, y sin inversión de recursos no es posible promover realmente una integración que proporcione igualdad.

En 2013, el número de migrantes internacionales a nivel mundial alcanzó los 232 millones, ¿lo sabían? Creo que no, porque no es un dato muy conocido. Como tampoco que en el año 2000 eran 175 millones y en 1990 154 millones.

Por último, afirmar que está bien la declaración aprobada por unanimidad en el Diálogo de Alto Nivel sobre la Migración Internacional y el Desarrollo: «Por unas migraciones productivas», celebrado durante los días 3 y 4 de octubre de 2013 por la ONU. Pero ahora toca cumplir con políticas concretas, permanentes y con recursos que afecten a la vida diaria de la gente.

Pasión, sensibilidad, acción, pasión, sensibilidad, acción, pasión, sensibilidad, acción, pasión, sensibilidad, acción,… por la dignidad humana.