Y más, cuando en España:

-Más de 11,5 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

-El porcentaje de hogares españoles que están por debajo del umbral de la pobreza es del 22 por ciento.

-Hay 580.000 hogares sin ingresos (34% más que en 2007).

-940.000 personas son “trabajadores pobres”, es decir, aunque tienen empleo están por debajo del umbral de la pobreza y viven en condiciones de privación material severa.

-Tres de cada diez menores viven bajo el umbral de la pobreza, siendo los niños el colectivo más pobre del país. Hablamos, según Naciones Unidas, de más de 2,2 millones de menores que viven en familias que no pueden cubrir los gastos mínimos de alimentación. Y con la novedad de que muchos de estos nuevos pobres son familias que, hasta hace poco, se englobaban en la clase media y llevaban una vida “normalizada”.

La ofensiva verbal a la que estamos asistiendo, por parte de destacados empresarios y políticos del Gobierno, donde afirman que los españoles hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que tenemos que trabajar más si queremos que no nos intervengan, es deleznable. Porque, ¿quién ha vivido por encima de sus posibilidades? Ellos, las élites económicas, porque los ciudadanos con menos recursos son los que más sufren el aumento de la desigualdad, provocada por un modelo de crecimiento económico que se centra en la acumulación de la riqueza en pocas manos, 1.226 personas concentran 4,6 billones de dólares en sus manos, y no tiene la equidad como objetivo.

Las declaraciones, responsabilizando de la crisis y sus consecuencias a las victimas, no solo son impúdicas y falsas, sino que pretenden justificar nuevos recortes en los derechos educativos, sanitarios, laborales y sociales, que van a dualizar más la sociedad y a romper la convivencia.

Pero no solo hay un recorte de derechos. Quieren ir más allá, y aprovechar la crisis para debilitar la democracia, arrodillarla ante el poder de la economía. Quieren una democracia derrotada y sometida. Nos avocan a una quiebra de naturaleza social y moral. Pero podemos revelarnos y decidir que la política esté por encima de la economía y la gobierne. La cuestión fundamental es globalizar la política para democratizar la economía. Es actuar como ciudadanos activos y protagonistas que eviten concentraciones excesivas de riqueza y de poder que lleguen a ser disfuncionales para la sociedad y que impidan condiciones de igualdad para todas las personas.