Los ciudadanos italianos fueron convocados mediante un Referéndum impulsado por la oposición a pronunciarse sobre aspectos de gran trascendencia y actualidad como son la energía nuclear, la privatización del agua o la impunidad del primer ministro. Una cita con las urnas que las elites políticas italianas intentaban que fracasara por la escasa participación – para que el resultado fuera vinculante tenían que participar más del 50% de los electores –, su estrategia era llamar a la abstención y evitar que en los días previos a dicha cita hubiera ambiente electoral.

Una vez más han sido las redes sociales e Internet quienes han conseguido movilizar a la ciudadanía ante el “veto” de las élites políticas y económicas italianas a difundir, promocionar y debatir sobre los aspectos a decidir. El resultado ha sido un verdadero éxito ciudadano, casi 30 millones de italianos e italianas acudieron a la cita electoral – un 55,8% de participación – de los que cerca de un 95% se ha posicionado en contra del programa nuclear impulsado por Berlusconi, en contra de la privatización del agua y el encarecimiento de las tarifas y de la Ley de legítimo impedimento.

Cuando muchos pensábamos que la sociedad italiana era una sociedad anestesiada, capaz de encajar cualquier escándalo al que nos tiene acostumbrado su primer ministro, ha demostrado que se moviliza, participa y se pronuncia a pesar del intento de desmotivarles de sus élites, tanto políticas como económicas, a las que han mandado un claro mensaje: Que defienden sus intereses con independencia de que propongan sus élites.

Por otro lado, debemos analizar el posicionamiento que han tenido los electores ante las leyes sobre las que se tenían que pronunciar. Ha sido claro y taxativo, han dicho que están en contra del programa nuclear del Gobierno italiano, que no quieren que se incrementen las tarifas del agua ni su privatización y se han manifestado en contra de permitir que el primer ministro bloquee institucionalmente la acción de la justicia. Una conclusión de este resultado es que los italianos han decidido que la gestión de un bien esencial como es el agua siga siendo pública, que ponen por encima de los intereses económicos su seguridad y por ello ante posibles desgracias como la de fukushima defienden un modelo energético alternativo y, por supuesto, que quieren más transparencia del poder político.

Este proceso viene a demostrar que los ciudadanos y ciudadanas responden ante la democracia directa. Los ciudadanos demandan mayor participación, más transparencia, mayor calidad democrática. No quieren ser sujetos pasivos que se pronuncian sólo una vez cada cuatro años, quieren que se les habiliten herramientas que les permitan expresar su opinión ante decisiones de gran transcendencia y, por mucho que se empeñen las élites políticas, tienen claro su modelo de Estado y lo manifiestan. En Italia así lo han demostrado.