Los datos de los servicios de empleo son concluyentes. Y si generalmente enfatizamos las cifras negativas, merece la pena recrearse también en aquellas que invitan al optimismo, sin caer en un triunfalismo infundado. 55.250 parados menos en el mes de junio. Se trata del segundo mes en el que desciende el desempleo de manera consecutiva. El descenso, además, supera en más del doble al producido en el mes de mayo, que se situó en 24.741. La estadística comparada muestra que se trata del mejor dato para el empleo en un mes de junio desde 2001, lo cual desmiente en parte el contra-argumento de la estacionalidad. No obstante, reitero, es preciso mantener muy presente el dato global de 3.564.889 parados en España. Un dato malo, sin paliativos.

La gran mayoría de los análisis viene atribuyendo al Gobierno español una parte significativa de la responsabilidad por el aumento específicamente grave del paro en nuestro país, a pesar del carácter global de la crisis. Es justo, pues, que en la misma medida también se atribuya al Gobierno socialista el esperanzador punto de inflexión que representan los datos de mayo y de junio.

Y los datos demuestran que las políticas que inciden en el estímulo de la demanda a través de la inversión y el gasto público están funcionando. El paro ha descendido en la construcción porque el Gobierno ha puesto en marcha un ambicioso plan de infraestructuras públicas, y ha transferido a los Ayuntamientos miles de millones destinados a la realización de obras pequeñas pero intensivas en uso de mano de obra, y que además mejoran la calidad de vida de los vecinos. El paro se ha reducido en la industria porque el Gobierno ha ayudado a consolidar las grandes factorías en crisis y ha subvencionado la adquisición de productos estratégicos como los automóviles. El paro ha bajado en los servicios turísticos porque el Gobierno ha invertido fondos públicos en la renovación de las instalaciones hosteleras.

Estas medidas han de tener su complemento en una estrategia para cambiar el modelo productivo, para ganar competitividad, para fortalecer el sistema financiero, para asegurar suficiencia y progresividad en el sistema fiscal, para promover la inversión y el consumo…. Y, claro está, tales medidas suponen un coste. Un coste en términos de déficit, de deuda y de actualización fiscal ineludible. ¿El coste es incómodo de pagar? Sí. ¿Es necesario y de interés general? También. Pero, a pesar de ello, no nos vamos ahorrar la demagogia de la derecha económica, política y mediática.

Porque, ¿cuál es la alternativa de esa derecha? ¿Las políticas que desarrollan en el laboratorio madrileño? Si la Comunidad de Madrid es la gran referencia del Partido Popular para dar a conocer sus recetas ante la crisis y el paro, hoy hay 1.011 razones, al menos, para rechazarlas. Porque esa es la cifra con la que se ha incrementado el desempleo en Madrid, al mismo tiempo que el paro bajaba en el resto de las comunidades autónomas sin excepción. Podríamos hablar incluso de 418.284 razones, que son los parados que acumula Madrid mientras su Gobierno juega a aprendiz de brujo liberal.

Si el Gobierno de España aumenta y acelera las inversiones públicas, el de Madrid recorta presupuesto. Si el Gobierno español aporta recursos para incentivar la compra de automóviles, el de Madrid se niega a colaborar. Si el Gobierno de Zapatero busca reactivar el mercado inmobiliario anunciando para el 2011 el fin de las desgravaciones fiscales en la compra de viviendas, el de Aguirre aumenta las desgravaciones. Si Moncloa procura reforzar la protección social de personas dependientes en tiempos de crisis, Sol la boicotea. Eso sí, rebaja ¡un 2%! el sueldo a unas decenas de cargos públicos, ahorrando supuestamente unos pocos miles de euros en una medida tan populista como inefectiva.

Demostrado. Keynes funciona. Perseveremos.