Zapatero coincide con Obama en la referencia keynesiana del New Deal, que sirvió para superar la Gran Depresión en los años 30 y para impulsar las economías europeas tras la última guerra mundial. Rajoy coincide con Bush en la referencia reaganiana, que sirvió para generar un orden económico internacional desigual e injusto, amén de una formidable burbuja de especulación financiera que nos ha llevado al desastre.

El Presidente español coincide además con el mandatario estadounidense en el color con el que debe dibujarse el keynesianismo del siglo XXI: el color verde. Si la iniciativa pública debía insistir durante el siglo pasado en los factores productivos de las grandes infraestructuras y los equipamientos sociales, en la actualidad la clave está en lo que se ha llamado la “nueva economía de la energía”.

La inversión pública ha de seguir apostando por las infraestructuras, los equipamientos sociales, la educación y la innovación tecnológica, pero el acento que nos ayudará a cambiar definitivamente los parámetros del modelo económico y encontrar una salida a la crisis está en las energías renovables y el compromiso con el medio ambiente.

El nuevo Gobierno norteamericano ha decidido situar una parte muy significativa del nuevo paquete de inversión pública en los proyectos para mejorar la eficiencia energética, para promover el uso de energías renovables (en la industria, en la automoción, en la administración pública…) y para lograr una gran coalición internacional contra el cambio climático y a favor de la preservación ambiental.

Este empeño persigue un objetivo triple: el impulso notable de la actividad económica y el empleo; la reversión en el proceso vigente de deterioro ambiental suicida; y el alivio de la presión que supone para la política exterior de los EE.UU. la necesidad imperiosa en su economía de grandes cantidades de combustible fósil, procedente en buena medida de las principales áreas en conflicto del planeta.

España coincide con Obama en el objetivo, en la estrategia y en los valores a poner en juego. Nuestra geografía, nuestro clima, nuestras prioridades en I+D+i y nuestra economía atesoran, además, importantes potencialidades para el desarrollo de la “nueva economía de la energía”, en el campo solar, eólico, marino, biorgánico…En consecuencia, nuestro país tiene hoy una oportunidad extraordinaria para asumir el liderazgo en la configuración de un nuevo modelo económico internacional más eficiente, más equilibrado y más justo. Un modelo keynesiano, progresista y verde. Aprovechemos la oportunidad.