La derrota militar serbia en 1999 y el apoyo político occidental a los albano-kosovares, población mayoritaria en el territorio, abrió un complicado periodo de negociación diplomática sobre el estatus definitivo de la provincia serbia. Como no fue posible un acuerdo entre las partes, los albano-kosovares declararon unilateralmente la independencia en febrero de 2008, con el apoyo de la mayoría de países occidentales, pero no del resto del mundo. España es uno de los cinco países europeos (junto a Grecia, Chipre, Rumanía y Eslovaquia) que no ha reconocido a Kósovo, por razones que luego recordaremos.

UN EMBROLLO JURÍDICO-DIPLOMÁTICO

Los independentistas albano-kosovares y sus protectores internacionales se apoyaban en dos actuaciones relevantes de la comunidad internacional. La primera, la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, que autorizó la intervención militar contra la República serbia, en castigo por la violación masiva de los derechos humanos en Kósovo en 1999. La segunda, la decisión del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia de condenar el proyecto criminal del liderazgo político y militar serbio en Kósovo.

Por el contrario, las autoridades serbias, sin negar los excesos cometidos por sus antecesores, argumentaban que la mencionada resolución 1242 reconocía la soberanía serbia sobre Kosovo. En consecuencia, la “declaración unilateral de independencia” tendría que ser considerada ilegal, porque supuso una “violación flagrante del principio de integridad territorial de un Estado” y, además, podría legitimar iniciativas similares de numerosos movimientos separatistas en el resto del mundo. Serbia obtuvo autorización de la Asamblea de la ONU para plantear la legitimidad de la independencia unilateral ante el Tribunal Internacional de Justicia. Los magistrados comenzaron a examinar la solicitud serbia en diciembre de 2009.

El TIJ basa su decisión en que cuando se produjo la declaración de independencia el país del que dependía legalmente el territorio, la República de Serbia y Montenegro, había desaparecido, debido a la separación de la segunda, el último peldaño de la desintegración yugoslava. En consecuencia, “la asamblea legislativa de Kosovo tenía poder para tomar decisiones que afectaran a su orden legal”.

REVÉS PARA SERBIA, ¿O ALIVIO, QUIZÁS?

Aparentemente, Serbia ha sufrido un duro golpe. Y, en cierto modo, sorpresivo, porque incluso los más prudentes observadores serbios confíaban en una decisión mucho más favorable del Tribunal Internacional. El presidente serbio, el moderado y proeuropeísta Boris Tadic, ha insistido en que Serbia “no reconocerá nunca” la independencia de un territorio considerado por la inmensa mayoría de sus ciudadanos como la cuna de la nación serbia.

Sin embargo, la decisión jurídica la ONU puede tener un efecto paradójicamente aliviante para el actual gobierno de Belgrado. Efectivamente, si la Corte hubiera fallado a su favor, las autoridades serbias habrían tenido que ser consecuentes y plantear ante la ONU la renegociación de la independencia de Kosovo. Sería una consecuencia lógica y una respuesta inevitable a la segura exigencia de los serbioskosovares y de todos los nacionalistas serbios.

Ante el eventual triunfo de sus tesis, la diplomacia serbia ya tenía preparada una estrategia, que pasaba por plantear la partición de la provincia, el intercambio de territorios o una combinación de ambas. Todas esas iniciativas se hubieran topado con la oposición frontal de las autoridades independentistas de Pristina.

Pero lo que más preocupaba al gobierno serbio es que el cuestionamiento –activo, no sólo declarativo- de la independencia kosovar habría incomodado enormemente a las potencias occidentales, cuya amistad y colaboración viene cultivando estos últimos años. No por casualidad, el presidente kosovar, Hasim Thaci, quiso estar en visita oficial en Estados Unidos cuando se anunció la sentencia. Efectivamente, Washington y la mayoría de las capitales europeas habían enviado a Belgrado un mensaje claro y escasamente diplomático: cualquier intento de boicotear la independencia de Kósovo, basándose en una eventual sentencia favorable de la Corte, tendría consecuencias negativas sobre las aspiraciones serbias de ingresar en la Unión Europea. Después de todo, si el TIJ hubiera fallado a favor de las tesis serbias, la diplomacia occidental hubiera quedado visiblemente desairada.

UNA SITUACION EXPLOSIVA

En todo caso, la sentencia del TIJ no resuelve los problemas de convivencia en Kosovo. Estos dos años de independencia formal han sido muy difíciles. En el territorio viven dos millones de albaneses y unos 120.000 serbios. Diez mil soldados de la OTAN mantienen una paz precaria. Aunque carece de un liderazgo sólido, la comunidad serbia ha creado una red de municipios desobedientes de Prístina, embrión de una administración paralela. Algunas revueltas sobre todo en la ciudad de Mitrovica -dividada de facto- han acabado con muertos y heridos. La desconfianza y la hostilidad dominan las relaciones entre ambas comunidades. El mejorable comportamiento de las autoridades albano-kosovares hacia la minoría serbia, las conexiones de algunos de los dirigentes albaneses con el crimen organizado y la impotencia internacional no han contribuido a mejorar las cosas.

Los independentistas albaneses pueden sucumbir ahora a la tentación de reforzar sus posiciones e incrementar la presión contra Belgrado para que prive de apoyo a los serbo-kosovares. Sería un dramático error que las potencias occidentales valedoras de Prístina lo permitieran. Si la situación en Kosovo sigue degradandose, el peligro de que se agraven los conflictos violentos podría alcanzar niveles de alarma. Por eso, no es descartable que Occidente se avenga a otorgar a Serbia un papel de protector o vigilante en el norte de la provincia, donde viven la mayoría de los serbokosovares y donde se encuentran los lugares históricos y religiosos más emblemáticos de la historia serbia.

UN ANTECEDENTE PROBLEMÁTICO

Se pueden apuntar implicaciones adicionales de la sentencia que presagian nuevos problemas. La decisión del TIJ avala, se quiera o no, iniciativas similares. Todo el mundo tiene la mente puesta en Bosnia. No son pocos los políticos serbo-bosnios que anhelan conseguir la independencia de su República Srpska y su ulterior integracion en Serbia. Sería la ruptura de la Bosnia actual, todavía frágil e inestable cuando está a punto de completar tres lustros de existencia. Los dirigentes de Serbia han sido muy prudentes y han desvinculado las realidades de Bosnia y Kosovo. Pero la frustración emocional y la consiguiente presión nacionalista pueden generar un elemento adicional de movilización.

Con alcance general, está por ver si este fallo de la Corte invitará a los movimientos separatistas a escalar sus aspiraciones independentistas. Aunque puede argumentarse que las condiciones importan y que lo que legitimó la independencia kosovar fue el comportamiento de las otrora autoridades serbias, lo cierto es que se abre una puerta inquietante.

Como se ha apuntado, España se ha desmarcado del mayoritario apoyo occidental a la independencia kosovar. Algunos han interpretado la posición española como fruto del temor a que este ejemplo aliente los independentismos ibéricos. En realidad, los argumentos de Madrid se basaban en principios tradicionales del Derecho Internacional, como la integridad territorial y la resolución pactada de los conflictos, cuando no se trate de cuestiones coloniales.

Tampoco es dificil explicarse la posición griega o chipriota en contra de la independencia kosovar. Los turcos de Chipre mantienen de facto un Estado independiente en el sector oriental de la isla, con apenas reconocimiento internacional, pero con el decisivo apoyo de Turquía.

El antecedente de Kosovo también puede servir de munición legal para Osetia del Sur y Abjazia, dos provincias secesionistas de Georgia, cuya independencia ha apoyado el Kremlin con más que palabras. Recuérdese la escalada militar del verano de 2008. Por solidaridad histórica y cultural con Serbia, Rusia no ha reconocido la independencia de Kosovo. Esta decisión del TIJ avalaría futuras actuaciones del Kremlin a favor de las aspiraciones osetias y abjazas. Una paradója más de una decisión judicial que podría tener más consecuencias de las que se derivarían de su condición no vinculante.