Abriré la cuenta atrás con las celebraciones del setenta aniversario del desembarco aliado en las playas de Normandía. Algo tiene que ver con nuestra actualidad española. De tales conmemoraciones España estuvo ausente. Lógico, porque en Junio de 1944 nuestro país estaba en un pozo negro de la historia, donde iba a seguir durante décadas. España sí, los españoles, no todos. Muchos republicanos llevaban entonces ocho años sin dejar el fusil en su lucha contra los fascismos, nazismo, franquismos. Unos en los montes de Asturias, de León, de Andalucía…otros en la Resistencia francesa, otros en las filas del ejército de la Francia libre. Y en Agosto de 1944, en las calles de una Toulouse liberada, los Guerrilleros tuvieron el honor, merecido, habían contribuido decisivamente a la liberación del Sur de Francia, de desfilar encabezados por la bandera republicana. Pocas semanas después, en la misma ciudad, un teniente de estos Guerrilleros mataba a tiros al primer secretario de la recién creada Agrupación Socialista de Toulouse, Auxiliano Benito. Lo mató porque el Partido Socialista no quería entrar en la Unión Nacional creada por los comunistas. El verdugo y la víctima luchaban cada cual por su República.

Segundo acontecimiento que me suscita reflexiones que quiero compartir: la abdicación de Juan Carlos Primero y la inmediata petición de un referéndum para decidir si queremos Monarquía o República. Una abdicación lógica, preparada sin traumas previsibles con una sucesión en la persona de un Príncipe apreciado por la sociedad. Vale la pena comparar la nota que entre la sociedad obtiene el futuro Felipe VI y la de nuestros políticos. Pero en teoría una consideración personal y momentánea no tiene porqué eludir una decisión de mayor calado como el tipo de Estado y de Jefatura de Estado.

Ahora bien, yo que me proclamo republicano, por razón, no por nostalgia, no quiero que se convoque el referéndum reclamado. ¿Por qué? Porque tengo miedo a que la República lo pierda y me entra pánico pensar que pueda ganarlo. No quiero ser largo en la explicación de tal barbaridad.

Si en Junio de 1944 estábamos en el pozo negro de la Historia era porque nuestro país había conocido siglos de Monarquía fracasada y una Segunda República que también fracasó. Nuestros padres, no solo en el exilio, sino también en las cárceles franquistas, se plantearon como resolver el eterno problema del Régimen para conseguir de manera definitiva la Libertad. Y coincidieron en que lo fundamental eran los Valores republicanos, la Democracia. Entonces, cuando llegó la Transición, quienes se afirmaban republicanos decidieron probar una Monarquía Parlamentaria y quienes se sentían monárquicos aceptaron privilegiar la Democracia, aunque fuese solo para salvar la Institución monárquica. Ese compromiso puede verse roto por un referéndum. Si lo pierde la República se puede pensar con mucha razón, que después del voto de la Constitución, sería el segundo aval a la Monarquía como Institución y por lo tanto la República, como perspectiva habría perdido mucha legitimidad. Al mismo tiempo, al confortar de manera directa la Institución monárquica podría un día dar alas a un Rey que se viese ultralegitimidado para tomar decisiones propias, saliéndose así del sistema parlamentario. En tiempos de crisis agudas, políticas o económicas, todo puede llegar. Hoy el Rey sigue «a prueba». Tiene una presión que a lo mejor ha influido para que Juan Carlos nos sacase de apuros en al menos dos ocasiones. Si la Monarquía gana el referéndum, por lo menos mucho bajará tal presión. En un artículo reciente de El País he leído que se aludía a que el futuro Felipe VI resolviese el tema de Cataluña. Por ahí pueden venir los peligros que menciono.

Pero añado que me entraría pánico si ganase el referéndum la opción República. No es por la trágica anécdota que he contado al principio de la lucha entre dos republicanos. Pero la Historia nos informa de algunos casos que merecen consideración. Por ejemplo, cuando después del triunfo electoral del Frente Popular en Febrero de 1936, el líder socialista Indalecio Prieto, que según afirmó repetidamente después, estaba al tanto de la preparación de la sublevación militar, obtuvo su primera victoria parlamentaria consiguiendo la destitución del Presidente de la República Alcalá Zamora. Con el voto de una República no abríamos resuelto un problema, abríamos, hoy por hoy, abierto varios: ¿Qué forma de República? ¿Presidencial o Parlamentaria? ¿República a secas, confederal, federal? ¿Cómo se elige el Presidente? No son problemas de imposible solución, pero necesitan tiempo, dedicación, discusión, compromiso, consenso. ¿Es hoy el momento? Los españoles afirman que tienen otras prioridades. La Segunda República tuvo un gran problema: llegó en plena crisis económica. Los defensores de la celebración de un referéndum deberían leer la Historia.

Tercer y último acontecimiento: la elección del Secretario General del PSOE. Ya van dos veces que después de un fracaso electoral el Secretario General dimite y se convoca un Congreso extraordinario. Nada se puede reprochar a la aplicación de lo que marcan los estatutos. Pero se puede pensar que la precipitación no es buena consejera, sobre todo en política. La dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba es lógica aunque yo piense, personalmente, que sus ideas son claras, positivas para el país y para su Partido. Pero hay una realidad: los electores no lo quieren, y a tal voluntad hay que someterse. Pero al precipitarse en la convocatoria del Congreso extraordinario aparece, de manera súbita, el tema del voto directo por los militantes. Y tal consulta se va a situar, obligatoriamente, unos meses antes de otra consulta, más abierta: la de las primarias para la candidatura a Jefe de Gobierno. Así, precipitándose, escuchando demasiado a voces de los medios de comunicación, que no son de su Partido, el PSOE descubre, a bote pronto, problemas nuevos que tiene que resolver improvisando. Cabe preguntarse dos cosas: ¿las primarias para Secretario General darán el mismo resultado que para Jefe de Gobierno, y en caso adverso qué pasará? ¿Qué nivel de información real tienen los votantes antes de decidir? Recordemos que, en el modelo francés de primarias, la información de los programas de los diversos candidatos se difunde meses antes de la votación, hasta con una emisión de debate en televisión. El tiempo es siempre un factor esencial en la vida política. Recordaré que Felipe González y Alfonso Guerra, no hay porque disociarlos, bregaron veinte años antes de alcanzar el Poder. Así, aunque llegasen jóvenes a él, habían tenido tiempo para pensar como ejercerlo, para dicha de España.

En resumen que «el derecho a decidir», de esencia totalmente democrática, puede transformarse en algo que como dice el eslogan anti alcohol hay que consumir con moderación».