La ola pasará. La sorpresa se agotará. Y las emociones darán paso a la expectación y la reivindicación. Obama tiene mucho trabajo y poco tiempo para ofrecer una satisfacción razonable a los millones de corazones que se le han entregado durante los últimos meses en todos los rincones del planeta.

El nuevo mandatario en la primera potencia del mundo no parece falto de inteligencia y capacidad de liderazgo. Las ideas que ha formulado a lo largo de la campaña son lo suficientemente interesantes, movilizadoras y densas como para estimular el trabajo de al menos dos mandatos presidenciales. Y los primeros pasos que está dando para formar un buen equipo de entre lo mejor de la Administración Clinton constituyen una garantía de eficacia. Ahora le falta establecer la agenda.

El primer punto de la agenda que el mundo le pedirá a Obama tiene que mucho que ver con su probada capacidad para generar ilusión. Inevitablemente aún, todos seguimos mirando a la capital de imperio buscando inspiración ante los retos del hoy y del mañana. Durante los últimos ocho años, el faro de Washington solo ha reflejado guerra, contrabando neocon e hipotecas sub-prime. Necesitamos una buena dosis del optimismo, de la confianza y de las promesas de cambio que ha inoculado Obama en la sociedad norteamericana.

Y enseguida, sin solución de continuidad, el nuevo taumaturgo deberá pasar de las musas al teatro. Al menos tres libretos para tres dramas planetarios tendrán que salir de su pluma, más pronto que tarde. Primero la salida a la crisis financiera que estrangula la actividad económica y destruye los empleos. En el discurso de la victoria, Obama rememoró el New Deal de Roosevelt. Y eso es lo que hace falta. Liderazgo suficiente para lanzar un nueva y valiente operación de estímulo a la demanda, esta vez a escala planetaria.

El segundo libreto es el de la seguridad. Obama ha hablado de multilateralismo, de respeto a la legalidad internacional y de diálogo para resolver los problemas antes de desenfundar las armas. Las guerras de Irak y Afganistán, y los conflictos de Oriente Medio y Georgia, entre otros, esperan para poner en práctica esta prometedora doctrina.

El tercer reto es el giro social y ambiental en las grandes estrategias institucionales. Bush ha liderado una escena unipolar orquestada para asegurar el negocio del consorcio petrolero-militar estadounidense, obviando cualquier respuesta a los grandes desafíos globales pendientes. Es tiempo de dar respuesta a las desigualdades crecientes en el orden económico internacional, a la persistencia de la miseria y el analfabetismo, al reto de las migraciones, al cambio climático…

¡Cuánta responsabilidad en los hombros de una sola persona!

ILUSTRACIÓN: SIRCÁMARA