Ser periodista, e intentar informar de lo que ocurre en muchas partes del mundo, haya guerra o no, es cada vez una profesión de más alto riesgo. Las impactantes imágenes en Siria, donde varios periodistas han sido asesinados, y utilizados como elemento de propaganda de guerra con la difusión de los videos de sus ejecuciones, son la punta de un iceberg teñido de sangre que año a año aumenta su volumen. Los datos así lo demuestran. En lo que llevamos de 2015 se han producido 65 asesinatos (45 periodistas, 4 colaboradores y 13 internautas) y 331 encarcelaciones (147 periodistas, 13 colaboradores y 171 internautas)

Las consecuencias, como señala el informe de Reporteros sin Fronteras 2014, son evidentes ante los enormes riesgos que se tienen que asumir: cada vez se envían menos corresponsales de guerra por parte de las grandes empresas de comunicación; los freelances reducen su número ante la falta de garantías; y los periodistas locales, los más vulnerables a las amenazas y a la violencia, no pueden trabajar si quieren conservar su vida. Nos encontramos ante un muro de silencio y también de autocensura, cimentado con balas y sangre, que impide que se conozca lo que sucede en muchas partes del mundo, donde la violación sistemática de los derechos humanos no solo se produce, sino que además se realiza sin testigos.

Pero no hay que irse a los casos más extremos o a la violencia de grupos violentos y criminales. Durante los últimos años, los profesionales de la prensa se enfrentan cada vez más tanto a las presiones directas o indirectas de los propietarios de los medios de comunicación, que anteponen la cuenta de resultados y su línea ideológica a la libertad de información y expresión; como a muchos gobiernos que, con la excusa de la seguridad y la lucha antiterrorista, modifican numerosas leyes para restringir la libertad de información  y aumentar el control sobre la información y los profesionales de los medios de comunicación. La consecuencia directa, o el objetivo, es nuevamente silenciar la información o las voces críticas.

Si por un momento alguien piensa que esto ocurre en montañas lejanas, se equivoca. Nuestra querida Europa, que es la zona donde existe el mayor nivel de libertad de prensa, está registrando en los últimos años importantes retrocesos en dicha libertad. Entre otros motivos, por modificaciones legislativas como las realizadas en España por el gobierno de Rajoy. Aunque existen casos más destacados de un severo deterioro de la libertad de prensa en países como Grecia, Turquía, Hungría, Serbia e Islandia

Esta realidad, ha quedado reflejada un año más en el informe Freedom of the Press 2015, que realiza Freedom House. En el mismo, después de analizar la situación en 199 países llega a la conclusión de que “las condiciones para los medios de comunicación se deterioraron fuertemente en 2014 alcanzando su punto más bajo en más de 10 años”. El informe presenta que “los principales factores que impulsaron la reducción en el índice de libertades fueron la aprobación y el uso de leyes restrictivas contra los medios de comunicación-a menudo por razones de seguridad nacional- y límites en la capacidad de los periodistas nacionales y extranjeros a informar libremente dentro de un país determinado, o incluso llegar a él. En un tiempo de aparente acceso ilimitado a la información y de nuevos métodos de distribución de contenidos, más y más áreas del mundo se están volviendo prácticamente inaccesibles para los periodistas”.

Un dato significativo, en un mundo donde la mayoría de los países se autodenominan democráticos, es que solo entorno al 14 por ciento de la población mundial, es decir, 999.180.643 personas viven en países con prensa libre. Del resto, un 44 por ciento, es decir, 3.070.963.460 personas viven en países no libres o sin libertad de prensa. Y un 42 por ciento, es decir, 3.162.940.027 personas en países con prensa parcialmente libre.

La libertad de expresión e información es uno de los elementos esenciales de una democracia, y debe ser entendida como un derecho fundamental, individual y universal que desarrolla el derecho a la libertad de pensamiento y de ideas, y cuya titularidad corresponde a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Por eso, es imprescindible garantizar las condiciones que permitan que la libertad de prensa llegue a todos los rincones del mundo. Una libertad de prensa y unos medios de comunicación que tienen que estar, como cualquier otra institución social, al servicio de la sociedad.

Decía Francisco Zarco que “la prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”.

Ese es el camino. Esa es la batalla.