Antes, Sakineh Mohammadi Ashtiani ya había sido condenada a recibir 99 latigazos (pena que se cumplió) por este mismo delito. En Irán, los hombres y las mujeres imputadas de adulterio pueden acabar lapidados. Se trata de una práctica totalmente bárbara que continúa existiendo. La muerte por lapidación agrava la crueldad y la irracionalidad de la pena de muerte al tratarse de un método concebido únicamente para aumentar el sufrimiento de la víctima. El Código Penal iraní es muy específico con respecto al modo de llevar a cabo la ejecución y al tipo de piedras que deben utilizarse.

El artículo 102 dispone que, para la lapidación, los hombres tienen que ser enterrados hasta la cintura, y las mujeres, hasta el pecho. El artículo 104 dispone, en relación con la pena por adulterio, que deben utilizarse piedras “no tan grandes como para matar a la persona de uno o dos golpes ni tan pequeñas como para no poder considerarlas piedras”. La muerte por lapidación viola los artículos 6 (derecho a la vida) y 7 (prohibición de la tortura y los tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos firmado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1966.

No se trata sólo de denunciar la lapidación considerando que se trata de una forma cruel de ejecución, y que, por lo tanto, existen formas más humanas de matar. No es cierto, toda forma de ejecución debe ser erradicada de forma inmediata por ser un atentado a los derechos humanos fundamentales como es el derecho a la vida y el derecho a no ser sometido a castigos crueles y degradantes.