Pero Jaume Matas no es un hecho aislado dentro del PP. Aunque ahora, la dirección de Rajoy se lo haya sacudido de encima como si “casi” no lo conociera; mirando hacia otro lado y deseándole “buena suerte”, lo cierto es que Matas fue ministro y se sentó junto a Rajoy. Fue uno de los “niños mimados” del PP porque ganaba elecciones, y porque era dueño y señor de las Baleares.

¿Cuánto parecido tiene Matas a Zaplana, Aguirre, Camps, u otros tantos?

Fueron los años alegres donde el PP conquistó mayorías absolutas en el gobierno central y en las autonomías que le permitieron hacer “lo que les daba la gana”, sin explicaciones, sin control, con opacidad, con sobrecostes exagerados, contratando a dedo, siendo omnipotentes, prepotentes y burlándose de todo aquel que no estaba “con ellos”.

Quizás por eso Rajoy guarda ese silencio cómplice y cobarde, intenta escurrir el bulto, mirar hacia otro lado, pasar por este calvario discretamente a ver si así nadie se acuerda que él no es el futuro, sino el inmediato pasado que se sentó con los implicados y detenidos como Bárcenas y Matas. ¿Cuánto sabe Rajoy de todo lo que está pasando?

El gobierno de Aznar era imparable. Desde el gobierno autonómico pasaron al central (caso Zaplana) o desde el sillón de ministros fueron a las autonomías (como Matas o Aguirre). Algo absolutamente normal, salvo que, en estos casos además, demuestra con claridad que sí se conocen entre ellos, que sí existen relaciones, intercambios de gestión y de favores. En definitiva, que han sido y son vasos comunicantes de una misma estructura orgánica que enredaba sus tentáculos desde un ministerio a una consejería.

Desde que Rajoy está al frente del PP no ha sabido dar ninguna explicación sobre nada de lo que está ocurriendo en sus filas: da igual que se hable de Gürtel, de las finanzas del partido con el tesorero a la cabeza, de la compra de diputados en Madrid para modificar elecciones o los espías a compañeros (caso Aguirre), de los sobrecostes y fondos desviados como puede ser Palma Arena o la visita del Papa en Valencia.

A lo mejor, Rajoy ha sido “colaborador necesario” para que Matas, Zaplana, Camps, Aguirre, Bárcenas o los cien imputados no sean casos aislados e individuales, sino una verdadera estructura de partido, con una cultura determinada, con unos propósitos y objetivos definidos: con la única finalidad de tener el poder a costa de lo que fuera y como fuera.

Ni los militantes del PP son unos corruptos ni los votantes unos indecentes. De hecho, no merecen lo que está ocurriendo por dignidad y cultura democrática. Pero, deben denunciar y saber que esto no es culpa de unos personajes que han hecho de la política una profesión de corruptos y mafiosos, es una estructura jerarquizada, donde cumplían órdenes, donde todos sabían lo de todos, donde resulta imposible creer que Rajoy no viera los excesos, lujos, chulería, prepotencia, formas de hablar y actuar de los que se sentaban a su lado. Lo veía, lo sabía, lo consentía, les reía las gracias ¿y cuánto más?

Todo nació, creció y se fraguó en un gobierno que tuvo su máxima expresión de gloria en la famosísima boda de la hija del Presidente Aznar, que nadie entendería si lo hiciera Zapatero, pero que se justificó y aplaudió en un hombre con tintes “berlusconianos”.

El PP necesita derrumbar toda la cúpula de los años esplendorosos del aznarismo porque han sido, como Matas, “colaboradores necesarios” para que los sobrecostes, la financiación irregular, y “la burla a los mortales” fuera una forma de hacer y gestionar.