La decisión de la CEOE, que coincide con las recetas que recomiendan para salir de la crisis los ideólogos del pensamiento liberal conservador- principales responsables de la misma-, resulta cuando menos inoportuna, inexplicable, y contraproducente para todos; seguramente también para los empresarios, incluso en la defensa de sus intereses, porque en estos momentos los acuerdos son imprescindibles para abordar y salir fortalecidos de la crisis. Era lo esperable cuando la CEOE, a sabiendas de que eso era inasumible para un acuerdo, pone encima de la mesa del diálogo social su programa máximo: reducción de salarios, desregular más la contratación, reducir el costo del despido, bajar 3 puntos las cotizaciones a la seguridad social, legalizar las agencias privadas de empleo con ánimo de lucro – entre otras exigencias – que de ninguna manera se encuentran contempladas en la Declaración del Diálogo Social, del 29 de julio del pasado año 2008, que tenía la pretensión de servir de guía al proceso de diálogo social en marcha.

La motivación de la CEOE no está claramente explícita en su decisión. Sin embargo, no debemos olvidar que se ha producido un cambio en la dirección de la cúpula empresarial y se puede interpretar esta decisión en clave interna, como un intento de asumir la nueva dirección un mayor protagonismo en la defensa contundente de sus posiciones. Se produce, además, en un contexto político incierto donde el partido que sustenta al gobierno ha perdido las elecciones autonómicas en Galicia, ha apostado por Patxi López como Lehendakari en el País Vasco a costa del PNV, y ello, junto a la situación política que se produce en Cataluña- donde CIU está en la oposición al tripartito encabezado por el socialista Montilla- ha hecho que el gobierno Zapatero pierda apoyos de cara a los próximos debates parlamentarios e, incluso, se especule sobre una posible remodelación del gobierno. A ello hay que añadir las próximas elecciones al parlamento europeo que están generando expectativas electorales para el PP, a pesar de los escándalos y la corrupción que salpican al principal partido de la oposición en Madrid y Valencia.

Sería grave que la decisión de la CEOE se deba a motivaciones políticas. En todo caso no alcanzamos a ver que reporta a los empresarios la ruptura del ANC en estos momentos, puesto que lo que ha ocurrido en los últimos 7 años ha resultado positivo para la CEOE: moderación salarial, paz social, e importantes beneficios y excedentes en las empresas sin contrapartidas sindicales, dejando al margen la creación de empleo, aunque éste haya sido de escasa calidad y con bajos salarios.

En estos momentos, la CEOE propone una subida salarial máxima de un punto para el año 2009 – ofrecieron a los sindicatos una banda del 0%-2% – y cláusulas de revisión salarial de incidencia negativa ante la expectativa de que pueda bajar la inflación, por lo que en este caso los trabajadores tendrían incrementos salariales inferiores a los inicialmente pactados que se harían efectivos en el año siguiente. Parece una broma de mal gusto después de años de moderación salarial, con importantes beneficios empresariales, reparto de dividendos, y retribuciones millonarias a los gestores de bancos y empresas, sino estuviera esta resolución aprobada por la CEOE con amplia difusión mediática.

Romper el ANC por un punto salarial no está siendo fácil de justificar para la CEOE, cuando además todo indica que no será un camino de rosas, por la oposición de los sindicatos, el mantener el crecimiento de los salarios por debajo de un punto en los convenios colectivos. Tampoco resultará fácil explicar porqué se tensa en las actuales circunstancias la negociación de los convenios, asumiendo incluso una mayor conflictividad social, al negociar sin referencia estatal y por lo tanto en libertad, simplemente para restar un punto a los salarios que tiene escasa influencia en el costo global de las empresas.

Si la CEOE argumenta que la inflación va a bajar- esto está por ver- los sindicatos pueden plantear, por ejemplo, recuperar el poder adquisitivo perdido en el año 2008 al terminar el año en el 1,4% de inflación- por lo tanto sin revisión- cuando se ha situado la inflación media en el 4,1% que es la que verdaderamente surte efecto en el mantenimiento del poder adquisitivo de los trabajadores. Y, cuando los empresarios planteen que las empresas se encuentran en dificultades hay que recordarles que el ANC ya contempla para estos casos la cláusula de descuelgue del compromiso salarial, y que en las empresas se están firmando, en algunos casos, congelación y reducciones de salarios a cambio del mantenimiento del empleo, poniendo a prueba la responsabilidad de los sindicatos, como ha ocurrido en el referéndum de SEAT.

Otro asunto a tener en cuenta en este año 2009 es que arrastramos un número muy importante de convenios firmados en el año anterior que ya han revisado sus convenios afectando éstos a 5.976.758 trabajadores (53,8%) con un incremento salarial medio del 2,67% (2,38% en las empresas y 2.71% en los diversos sectores) incluyendo la cláusula de revisión para el 77,94% de los trabajadores. Quedan, por lo tanto, pendientes de negociación 3.261 convenios que afectan a 766.851 empresas y a 5.137.354 trabajadores, lo que representa el 46,2% del total de los trabajadores con convenio (datos sobre la base de los valores más altos de la negociación colectiva, de 2.006, gabinete técnico UGT y MTIN). El planteamiento de la CEOE comportaría una clara diferencia salarial entre los convenios firmados en el 2.008, con vigencia en el año 2.009, y los pendientes de firmar este año que se encontrarían claramente a la baja.

La decisión de la CEOE no ha roto el diálogo social, puesto que los sindicatos y el gobierno van a seguir manteniéndolo, sin embargo la decisión empresarial por el momento ha supuesto que el gobierno- sin acuerdo en la mesa del diálogo social- apruebe el Real Decreto-Ley, de 6 de marzo, de medidas urgentes para el mantenimiento y el fomento del empleo y la protección de las personas desempleadas, y que los sindicatos por su cuenta (UGT-CCOO) hayan elaborado unos criterios unitarios para la negociación colectiva y el empleo a tener en cuenta por sus organizaciones sectoriales en la negociación de los convenios colectivos.

El criterio de los sindicatos es plenamente coherente con la filosofía y los contenidos del ANC y recoge los postulados de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) para el establecimiento de los salarios en la UE en un contexto de crisis económica como la actual.

La CES recomienda que los estados miembros, junto a los interlocutores sociales, elaboren políticas para reforzar el umbral de los salarios mínimos junto a una dinámica salarial en línea con los incrementos de inflación y productividad. En esta orientación, las organizaciones sindicales rechazan las pretensiones patronales de modificar la política salarial por la excepcional coyuntura económica. No es posible, razonablemente, cambiar las reglas de juego de la negociación colectiva que se mueve en periodos largos de tiempo, para sustituirlos por otros en función de los resultados de un determinado periodo, sin que por otro lado se aseguren mayores garantías de efectividad.

Es más, como se ha señalado antes, los propios criterios del ANC en materia salarial recogen indicaciones para adaptarlos a las distintas realidades empresariales y también para atender las eventuales dificultades de las empresas mediante la solicitud de la cláusula de descuelgue salarial, presentando los planes de futuro de la empresa y los plazos de recuperación del incremento salarial dejado de percibir.

La política salarial en la negociación colectiva es también una cuestión de justicia social y se asienta en la intervención y la acción de mejora de la capacidad de los trabajadores y trabajadoras para afrontar la crisis económica.

En este sentido, UGT y CCOO defienden:

o Una negociación salarial que garantice la mejora moderada de los salarios y del poder adquisitivo real. Este objetivo resulta posible dentro de los criterios pactados en el ANC, tomando como primera referencia para el aumento salarial el objetivo oficial del 2% establecido por el gobierno, en línea- no lo olvidemos- con la política monetaria del Banco Central Europeo ratificada recientemente, y tomando como referencia adicional los aumentos de productividad y el establecimiento de cláusulas de revisión como salvaguarda frente a posibles desvíos del IPC.

o Actuar para erradicar los salarios más bajos, especialmente los más alejados del salario medio nacional, que son una expresión de la precariedad laboral y de la injusticia social, y van en contra de un modelo de competitividad y eficiencia. Actuar de forma sostenida en el tiempo para aumentar los salarios inferiores creando o mejorando el salario mínimo garantizado del convenio sectorial estatal donde cada federación fija el objetivo en función de sus características y prioridades.

o Defender como un objetivo prioritario la eliminación de las diferencias retributivas entre mujeres y hombres, mediante la combinación de actuaciones diversas en la clasificación profesional y en la valoración de funciones y tareas.

Además de mantener el poder adquisitivo, los sindicatos, en coherencia con la situación de crisis, pretenden mantener el consumo interno como aportación añadida al crecimiento del PIB, que es lo que realmente creará empleo. En segundo lugar, tratan de seguir avanzando en la convergencia con la UE en materia de salarios, dado que están muy por debajo de la media europea, según Eurostat, año 2.006. En tercer lugar, se pretende compatibilizar los salarios, moderadamente al alza, con un modelo de crecimiento basado en empresas que apuesten por la investigación, la innovación, los productos de calidad, y el aumento del valor añadido de sus productos, erradicando así la precariedad en el empleo y evitando caer en políticas que pretenden competir en base al dumping social en un mundo globalizado, lo que significa un retroceso para el desarrollo de una economía moderna en un país de la UE como es España.

Para terminar esta reflexión, sólo nos queda constatar la profunda contradicción que se produce entre las declaraciones que se hacen en búsqueda de acuerdos y consensos- se ha hablado incluso de recuperar los famosos Pactos de la Moncloa – y la escasa reacción en contra que ha suscitado, en las mismas personas que hacen esas propuestas, la decisión de la CEOE de romper el ANC cuando deberían ser los empresarios los más interesados en el acuerdo y el consenso. No es extraño, por lo tanto, que los trabajadores se pregunten porqué los empresarios conciertan fácilmente con los sindicatos en etapas de crecimiento de la economía, bajo las premisas de la moderación salarial, y no conciertan de la misma manera con los sindicatos en etapas de crisis, exigiendo por el contrario políticas de sacrificios para los trabajadores, y en concreto la reducción de salarios para crear empleo, sin tener en cuenta los escandalosos beneficios obtenidos en etapas de fuerte crecimiento de la economía.

En todo caso, la negociación de convenios en empresas y sectores continúa. Es, por lo tanto, el momento de negociar y, si es preciso, de presionar; a sabiendas de que los trabajadores no son los culpables de la crisis y, desde luego, estando seguros de que la solución pasa por ellos y por la centralidad del trabajo en una sociedad democrática.