La ciudad de los vecinos, consiste en diseñar la administración y el gobierno necesario para que los ciudadanos sean los protagonistas. Gestionar bien una ciudad de más de 500.000 habitantes de una manera centralizada está condenado al fracaso, en cualquier parte del mundo y mucho más en aquellos lugares donde la estructura del Estado no está muy consolidada. De ahí, la necesidad de un proceso de descentralización de la gestión dentro de las ciudades que dé más participación a los ciudadanos en la toma de las decisiones y en el control de sus gobiernos.

En las grandes ciudades es preciso conseguir, por difícil que pueda parecer, que los ciudadanos vuelvan a sentirse vecinos del lugar específico en el que viven. Hacer posible la existencia de ámbitos menores de convivencia, en el que se fortalezcan las relaciones de pertenencia y vecindad, al tiempo que se da respuesta a las necesidades que se puedan manifestar, es determinante para la calidad de vida de los ciudadanos. En algunas ciudades, el distrito será la estructura administrativa adecuada en un primer momento, pero en otras, como en el caso de Madrid, el distrito tiene un tamaño demasiado grande para satisfacer las crecientes demandas de calidad de vida y bienestar. Hay que recuperar el modelo que hace descansar en el barrio el núcleo de la satisfacción de las necesidades públicas fundamentales. El barrio, para que las grandes ciudades recuperen su escala humana y el lugar donde se puede dar respuesta, desde una gestión más democrática y descentralizada, a la esperanza de libertad, a la esperanza de igualdad y solidaridad y a la esperanza de sostenibilidad.

El barrio: a) como ámbito en el que son posibles las relaciones de vecindad, y se pueden recibir los servicios más necesarios para una auténtica calidad de vida; b) como célula esencial para la definición de los equipamientos y servicios públicos necesarios para los vecinos; c) como núcleo de una participación natural y vecinal en los asuntos de la ciudad; d) como elemento estructural básico del gobierno y administración de la ciudad. Todo ello, porque es necesario dar un cambio de rumbo para reequilibrar las ciudades, sustituir la competitividad por la cooperación, la dependencia por la autonomía, el sometimiento por la participación en el gobierno, la movilidad por la accesibilidad, el crecimiento insostenible por el desarrollo sostenible y la responsabilidad única por la corresponsabilidad y la participación.

Para hacer efectiva esta descentralización, y que todos los ciudadanos sean tratados igual en toda la ciudad, es preciso delegar competencias; establecer un tamaño de población adecuado en cuanto a número y homogéneo con otras áreas descentralizadas, y dotarla de los necesarios medios materiales, humanos y financieros; mejorar su eficacia administrativa; coordinar las áreas descentralizadas para ajustarlas a los principios de unidad de gobierno, eficacia, coordinación y solidaridad; desarrollar y regular los espacios de participación ciudadana; una estructura de gobierno que descanse en la representación electoral y la participación ciudadana y no en estructuras gerenciales que no dan cuenta en los procesos electorales.

Este planteamiento redefiniría la ciudad, desplazaría el centro de gravedad de la gestión en la ciudad hacia las áreas descentralizadas, se llamen distritos o no, a través del Barrio, permitiría una mayor democratización y desconcentración de la gestión municipal, un mayor interés de los vecinos en la cooperación y cogestión de los asuntos que les conciernen en su barrio, y como consecuencia de ello un incremento de la participación vecinal y de la calidad de su vida.

Por último, este proceso de descentralización en las ciudades tiene que desarrollarse de manera coordinada con el resto de administraciones que actúan en el territorio, para evitar la descoordinación y las disfunciones a la hora de implantar los equipamientos públicos. Es clave, para favorecer la eficacia y la eficiencia en ciudades con grandes desigualdades y pocos recursos, pero también en ciudades consolidadas de países desarrollados. En el caso español, si se situaran sobre el mapa de la capital de España, Madrid, todos los equipamientos de cada una de las tres administraciones ( estatal, autonómica y local), se vería gráficamente, que tienen muy poco que ver con la división de los distritos y mucho menos con la de los barrios. Existen equipamientos concurrentes de las tres administraciones en un mismo distrito y grandes vacíos en otros. Y si se desciende a lo micro del barrio, puede comprobarse que los desajustes son todavía más clamorosos.

Por tanto, cuanto más cerca, más eficaz y mejor para la vida de los ciudadanos.